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Claudio Rodríguez, fragmentos.

Poeta alejado de modas y modismos. Su poesía es resistencia. Su obra es revelación. Ante el influjo de una poesía cada vez más inclinada hacia las nuevas corrientes , la obra de Claudio Rodríguez se acerca hacia lo particular, hacia la tierra, que le va a proporcionar las metáforas esenciales para su poesía: la semilla, o todo aquello que se da sin más, como su poesía, fruto de la reflexión cuidadosa, de la observación y del trabajo que se gesta en la lentitud de quien se sabe un poeta alejado de los cánones imperantes en la poesía del medio siglo en España. La suya es una poesía que supera lo social, corriente imperante en los cincuenta; también supera la confesionalidad de otros compañeros de generación. Su obra no utiliza a personajes anónimos para expresar una sentimentalidad que puede ponerse en boca de todos. Su poesía es un original pulso a lo que se estaba haciendo en ese momento histórico, frente a los fastos de lo urbano, de las nuevas tendencias culturales, el cine, el jazz, el cómic, los medios de comunicación, trata de oponerse a todo lo anterior desde lo mundano, desde la tierra, que se da a todos.
Aparecen en su poesía símbolos como la semilla, el trigo, las labores del campo que cumplen la función de unión entre el hombre y la Tierra, que permite, como un animal bondadoso, ser cultivada para darse sin más. El trigo que hace el pan, el símbolo sagrado de unión de lo divino y lo humano. El vino, que cumple la función de unión entre las fuerzas del hombre y la parte más báquica de la humanidad y que el hombre cumple a diario en el consumo del vino que le permite ir más allá de sus posibilidades: el elemento atávico que habita en el hombre desde el principio de los tiempos, lo desconocido, lo que el hombre no sabe y a lo que no sabe dar respuesta.

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A las ruinas del Palacio de Jabalquinto en Baeza

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nadie requiere la ruina o su forma
pobre cuando era solo piedra,
y el zaguán permite ahora el  ensueño
sobre trazos gastados, suave sombra,
duerme adentro la luz cerrada en claustro
de abrojos, nada y polvo:
la heráldica, escudos, escaleras,
oh su cielo, las risas, ¿qué se hicieron?,
¿dónde están las hermosas mujeres,
sus hombres, la clara belleza anónima,
recorriendo estos pasillos?
Ropas caídas en noches de alcoba,
todo ahora es su miseria y gusano,
hueso callado de la traición
del tiempo inefable,
pues su tiempo abre y guarda el espanto.
Donde ayer hubo brillo hoy solo queda
su ceniza creciendo para el cardo.
Ho…