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Postales desde sitios donde estuve. Tacuarembó.

Uruguay.

Atravesamos el silencio varias veces, la tierra se extiende como una maldición a su nombre, como un miembro mas del vacío; arriba la noche, abajo el motor encendido, el paisaje igual, nadie. Nada; el peligro, los asaltantes de la noche, el coche no debe parar, no se ven luces alrededor, la carretera se extiende hasta el cielo, ya no sé si azul o negro, o gris, porque todo se reduce al vacío, todo está colocado como en la primera noche del mundo, aquella en la que se creó todo menos este paraje que solo lleva a otro páramo. Todo está conectado al temblor del volante.

Queríamos estar lejos de todo, no huir de la noche, pero huíamos sin saber de qué, no quería mirar al retrovisor por ver si nos seguían, tan solo esperaba una música, pero solo había silencio. No cruzamos ríos, no veíamos animales, pero los había en la selva invisible fuera de las ventanas. Tendríamos que haber grabado esa noche, hubiese sido una gran escena, huyendo, un cigarro tras otro, algún trago furtivo que …
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I
Sidereus Nuncius. 1610.
Dibujos hechos por Galileo que plasman la luz sobre la luna y demuestran el movimiento de los astros, lo que significó el final de la era ptolemaica.



La noche. Su nombre. El rastro de luz recorriendo un cuerpo celeste
y ligero.
Lo indecible. Los cuerpos se aman, dicen lo que callan las palabras, bocas de sangre
para luna nueva. Noche nueva. Terminador.
A partir de entonces se acabó la noche medieval, torturadora y cruel.
La noche no existía, solo era un nombre, lo que decían los astros.
Nadie lo supo, nadie lo escuchó. Galileo no tenía voz.
Los Médici sí. Ellos sabían del poder de su voz callada,  gritando fuerte, definitiva.
Las fieras se relamían antes del coito, después el banquete, pero copulaban siempre a la luz, su inquisición no conoce enemigos.
Él pronuncia sus nombres exactos dibujando los astros, clara forma imperfecta, no sus círculos, el vacío exacto ha existido siempre, somos un error que explotó, su ruido, la onda imperceptible que desplaza a Eur…
Las voces indomables Manuel Lombardo Duro

Colección Caja de formas, nº 5. Piedra Papel Libros. Jaén. 2017.


Portada, contraportada y solapas del libro de Manuel Lombardo Duro.
La poesía de Lombardo Duro nace siempre de la paradoja ante la necesidad de expresar el silencio del que surge yel acabamiento del mismo al escribir el poema. Poesía que enfrenta la acción y la inacción, la palabra y el silencio, el lenguaje y el caos en el que se origina la obra de Lombardo. Texto que violenta sus propias bases expresivas, se decanta hacia la pureza sintáctica y hacia un léxico que bordea los límites del conocimiento y el vacío; la poesía como concepto con el que expresar la nada.
El mundo sensible de Lombardo le sirve como correlato a su poesía, su mundo no existe, está en suspenso. El lenguaje lo constata, su texto es el silencio. Bascula entre el latido de la nada y la pulsión de lo dicho. Su discurso es por tanto reflexivo, la reflexión meditativa es la única forma de enfrentarse al poema. Su p…
Francisco Ferrer Lerín. Nora Peb. Tusquets Editores.
2ª parte de Familias como la mía. Francisco Ferrer Lerín con los poetas Juan Manuel Molina Damiani, Pedro Luis Casanova, Joaquín Fabrellas , Aurora Liébana y Antonio Erena Camacho. Foto: Fátima Linares. Jaén, mayo de 2017.


Los esconjuraderos de la memoria.


Sí, FFL se mueve como sierpe por la memoria, se arrastra, retrocede, muda de piel, y, a veces, se la inventa. Porque Nora Peb es un pacto con la memoria y con la ficción, con la aflicción de haber perdido la memoria y con la conjura de quien mienta a los demonios para no volver a verlos, ni a revivirlos, por eso el espíritu de la letra se los inventa una y otra vez, como diría Aníbal Núñez sobre la escritura: “lo que para el lector es un poema de siete versos, para el poeta son siete veces setenta fantasmas que tienen que volver a vivir de nuevo.”
De ahí: esconjurar, exorcizar en el espacio inerte del texto, su pureza encantada de silencio para que no vuelva a ser más el vacío que invoca…
No mires ya

La mirada de reina destronada,
El cuerpo conoció el hambre,
La ropa interior muestra
Una carne exterior
Para ojos que manosean el deseo
Sin dedos ni contacto,
Solo el ojo observa el ojo
Que mira a nadie fuera,
Al vacío de una ciudad que la envuelve.

No miréis a su espejo,
No miréis a su oferente desnudez,
Ella no siente tu deseo,
Solo marca su miedo en su jaula de cristal,
Solo alberga la voluntad de ser nadie.

Loreley altiva,
Musa del vidrio y su reflejo,
Sirena indelicada,
Mortal tu carne así,
Contempladores anónimos,
Sumisión en escena,
Desarrollo de la forma que sirvió para qué?
Cierra los ojos, mírame nunca.


Pliegos del Condestable

Pliegos del Condestable. (1603).
Poema que escribe Antón Ferrer dedicado a su casa en la campiña de Jaén, cerca de los pagos de Pozuela.

Tiene la fuente un caz,
anega fresca alberca.
Más allá un venero hiende la piedra
do mana limpia el agua.

Una higuera salvaje: olor y sombra,
come sus frutos rojos
la luz, recorre alegre y gana todo
espacio: vence al aire.

El pájaro que aquí anida llena
antes de ser de canto la alegría:
la sombra, la casa, el descanso, són
de una música celestial, de extraña
canción se acompaña. Río
que vuelve así a su origen:
a la tumba de agua, a su luz incierta.

Allí reposo mis tristes
ojos cansados que fueran
un punto más rápidos qu´el aire,
ahora son despojos que contemplan
en la vida sus ruinas,
miseria de su estado,
el reflejo de un siglo que escoja
sus cenizas entre tanta grandeza
devastadas de espanto.

Luengo el dolor, corta delicia:
la vida breve, durará su olvido.
Pliegos del Condestable.
Sexteto que escribe Simón de Estepa, joven converso enamorado que dedica estos ardorosos versos para declararle su estado a su desdeñosa amada.
(1623)

Amor, el cyelo no sabía norma;
tu cuerpo transformando su donayre
en las leyes que hicieron te de viento,
pues falta, amor, a tu país, la forma,
porque no conoció su peso el aire
y no pueda explicar sutil tormento.