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Garcilaso de la Vega

Garcilaso: el poeta ideal y la revolución copernicana en la lírica española.
Joaquín Fabrellas Jiménez

La aparición de Garcilaso en la poesía española del siglo XVI no es fortuita, parece responder a los ideales de la creación del Imperio, al momento de máxima expansión del reino español. Desde el nacimiento del poeta habían sucedido hechos importantísimos en la conciencia histórica que ayudaron a crear esa idea de nación que hoy en día es España. Apenas diez años antes de su nacimiento, se había publicado la primera Gramática española de la mano de Elio Antonio de Lebrija, un intento por conceder licencia de nobleza a la lengua que iba a dominar parte del continente europeo y gran parte del Nuevo Mundo. Una lengua que debía de nacer sin complejos y que merecía un estudio concienzudo por parte de la incipiente ciencia gramática. Son nuevos tiempos nacidos bajos los augurios de las nuevas y poderosas monarquías europeas y que crean un nuevo tipo de nobleza más disciplinada y cercana al monarca, o el Emperador, en el caso del toledano. Una nobleza formada, no sólo en el arte de hablar, sino también más refinada en sus gustos musicales y artísticos; se defiende la fuerza de la sangre, la nobleza personal y el valor, antes que el antiguo dictado de nobleza por nacimiento.
Si se examina la corta vida de Garcilaso, parece increíble que pudiese llevar a cabo esa revolución lírica, sin dejar de lado su postura política y su acción y participación en diferentes batallas. Garcilaso encarna el ideal de cortesano renacentista europeo, en una época en que España estaba determinada a ser la gran potencia mundial. Representó también el ideal de poeta cortesano, autor de una poética que levantó muchas suspicacias en su época, recordando, por ejemplo, la polémica con Cristóbal de Castillejo, pero que parece responder a motivos políticos más que literarios.
En el siglo XVI, ocurre un hecho fundamental que fue la elección de la lengua castellana como lengua literaria y coincide con el descenso de la literatura catalana; el castellano debía ser manejado tanto dentro como fuera de España, y contribuyeron a ello autores como Boscán, Garcilaso, Gracián, Gil Polo, etc; incluso en Portugal, con autores como Gil Vicente o Luis de Camoes, que escribieron en ambas lenguas.
En toda Europa surgen las lenguas vernáculas a la par que el Renacimiento se instala y la consiguiente defensa de una monarquía centralizadora y dominante, que permite el auge y florecimiento del concepto de nación. En este siglo se escriben grandes defensas a favor de la lengua castellana, como la de Juan de Valdés, Diálogo de la Lengua, o la obra de Cristóbal de Villalón. Garcilaso propone una nueva literatura en el momento en que surge una nueva lengua, siguiendo el ideal de naturalidad y selección. Acabando así con el español medieval y con su tiempo.
Se puede considerar la obra de Garcilaso como una revolución copernicana, ya que cambió la naturaleza de la poesía española, y la convirtió en una poesía de índole europeista, justo como estaba sucediendo en la política de Carlos V, una fuerza que llevó a España a dominar buena parte del viejo continente.
Su poesía fue además seguida en lo que se refiere a la forma por otro insigne poeta del siglo XVI: san Juan de la Cruz, pero con temática muy diferente, si bien Garcilaso no trata el tema religioso, el carmelita se dedica exclusivamente a ello. Garcilaso representa el esplendor del Renacimiento, mientras que san Juan representa la introspección propia de la segunda mitad del siglo y el intento de solucionar la crisis exsistencial que desembocará en el siglo XVII con una crisis ya plena en España.
Pese a que algunos autores mencionan a Garcilaso como el artífice de la decadencia de la lírica propiamente española, es cierto que los metros típicamnte españoles no cesaron jamás y siguieron gozando de buena salud, no hay más que ver a autores como Góngora o Quevedo, que siguieron cultivando esta forma tan característica de nuestra lírica. Garcilaso abrió la puerta a una nueva forma de hacer poesía. El primero que lo hizo con éxito, ya que es fácil recordar los intentos de Micer Francisco Imperial y la introducción del endecasílabo, en el Cancionero de Baena, o los escarceos con el soneto de un insigne antepasado del poeta toledano, el Marqués de Santillana y los Sonetos fechos al itálico modo, con una acentuación que no suena al dulce acorde de Garcilaso, como veremos más adelante.
Si no hubiese existido ese providencial encuentro en la Alhambra con Navaggiero, seguramente otro autor español, hubiese llevado a cabo esa radical adaptación de los versos españoles a la musicalidad italiana, pero fue Garcilaso, como símbolo adecuado de esa nueva forma de hacer poesía y la nueva forma de ser en la Corte.
La corriente filosófica del Renacimiento pone en el centro del mundo al Hombre, y también a la Naturaleza; no se trata de volver tan solo a un pasado esplendoroso, la exaltación de lo natural está presente en los temas de los poetas renacentistas, un tema apenas tratado durante el medievo, si no era para servir de punto de arranque de las obras, como puede verse siglos antes en la introducción de los Milagros de nuestra señora de Berceo, un locus amoenus, que más recuerda a un paisaje de cartón piedra, que al principio humanístico de intentar comprender a Dios mediante sus obras de creación, que servirá de base para la posterior introspección romántica y la identificación del estado de ánimo con el paisaje circundante. Para expresar esa belleza natural se utiliza la lengua propia, tratando de igualarla a la latina, no en vano surgen en este siglo las grandes obras que dan carta de naturaleza a los idiomas incipientes, como:Prose de la volgar lingua de Bembo; Defénce et illustration de la langue francoise de Du Bellay o el Diálogo de la lengua de Juan de Valdés, cuyo principio de escribo como hablo afecta a los autores coetáneos, como por ejemplo, el autor del Lazarillo de Tormes, que introduce en su discurso refranes y frases populares, como parte fundamental del desarrollo de la nueva lengua.
La lengua española carecía de modelos dignos de ser imitados en cuanto a perfección formal, apenas se puede contar con las Coplas de Manrique, o las Trescientas de Mena. Garcilaso viene entonces a forzar la evolución de la literatura española. Garcilaso logra, como él mismo dice, huir de la afectación sin sequedad, con respecto a la traducción que hizo su amigo Boscán de la obra El Cortesano. Acabando con la influencia del latín en los textos de su época, y muy próximo a las tesis del erasmismo, tan poco afín a los artificios formales. La poesía, por tanto, de Garcilaso se hace sin alardes, sin afectación, usando palabras cotidianas que representan la perfecta armonía del mundo. Su poesía es sencilla y elegante; en el siglo siguiente servirá a culteranos y conceptistas para sus innovaciones formales, algo que estaba latente en las poesíasde Garcilaso, pero por la propia estructura del soneto, que se mueve entre la institución y el deseo; la institución como parte que encarna lo establecido, lo que nos conforma, y el deseo que discurre libre y que tiene que adaptarse a las normas sociales de conducta, por eso son tan productivas esas líneas de tensión en los sonetos: la suave cotraposición del mundo, lo que deseamos y lo que no podemos conseguir. Como la propia vida de Garcilaso, que se casó con Elena de Zúñiga pero que amaba a Isabel Freire. La institución y el deseo.
Los sonetos son un ejemplo claro de todo lo que hemos dicho hasta ahora, escribir sin afectación, de forma natural y elegante, de suerte que todos puedan entender la nueva lengua que se debe hablar en la Corte. Veamos un soneto del Marqués de Santillana y lo compararemos con el soneto XIII de Garcilaso para ver los aciertos del toledano.


  Anima devota, que en el signo








e santo nombre estás contenplando,






e los sus rayos con viso aquilino






solares miras fixo, non vagando,










   serás perfecto e discípulo digno
 5




del pobre seráphico; guardando






el orden suyo ganaste el devino






lugar eterno, do vivís triunfando.








   Ningunas dignidades corrompieron






el fuerte muro de tu santidad;
 10




sábenlo Siena, Ferrara e Orbino.








   Nin las sus ricas mitras conmovieron






las tus ynopias, nin tu pobredad;






por mí te ruego ruegues, Bernaldino.







Como vemos en este soneto escrito antes de los sonetos de Garcilaso, la composición aparece como una pieza única, es decir, no hay desarrollo temático, sólo se pide la protección del alma del Marqués, la interposición divina ante san Bernardino, pero no hay un planteamiento de la situación en los dos primeros cuartetos, ni la resolución en los dos últimos, que es como Garcilaso lo haría más adelante. El conjunto es estático y de poca profundidad psicológica. No hay plasticidad ni cromatismo. El Marqués de Santillana solo está adaptando el tema a una nueva forma, pero no hay intención de crear un nueva musicalidad o ritmo, ese planteamineto llegaría de la mano del toledano algo después porque había conocido los modelos italianos de primera mano, bien por lecturas, bien por conocimiento directo en Italia, debido a los diferentes viajes que realizó por la política imperial expansiva, y de lo que Garcilaso se nutrió.
Otro de los errores que plantea el soneto del Marqués de Santillana es que los versos empiezan en sílaba acentuada, algo que no debe hacerse en un buen soneto, aparte de evitar los finales agudos. Vs. 11

Sábenlo Siena, Ferrara e Orbino

Con el acento en la primera sílaba que fuerza demasiado el resto del verso.
Otro de los aspectos que deben evitarse es más de tres grupos fónicos en un mismo verso, el verso endecasílabo clásico, el introducido por Garcilaso tendrá tres, así como el del resto de autores clásicos que trabajan este arte.Góngora, Quevedo o Lope:

Ilustre y hermosísima María

de Luis de Góngora, que es un ejemplo perfecto de verso endecasílabo, acento en la segunda sílaba y tres grupos fónicos acentuados en ilustre, hermosísima y María .
O, en el famoso soneto de Lope:

Un soneto me mada hacer Violante

donde nuevamente se evita acentuar la primera sílaba, así como acabar el verso en sílaba aguda, con tres grupos fónicos bien delimitados:

un sone-to me manda hacer- Violante

Todas estas disposiciones formales que todos adoptarán las introdujo Garcilaso, no sin ciertos titubeos, que ya apuntó Fernando de Herrera en sus Anotaciones a la obra de Garcilaso, destinado a cambiar la evolución de la lírica española en el siglo XVI.
En el soneto del Marqués de Santillana hay cuatro grupos fónicos, lo que da una mayor sensación de abigarramiento, de menor frescura, de ser un verso blindado, con poco lugar para la respiración.
E santo nombre estás contemplando
...
el orden suyo ganaste el devino

con la acentuación de cuatro grupos fónicos que dan un toque más antiguo al soneto del Marqués de Santillana. Pero se trataba tan solo de un primer intento que no salió demasiado bien, si contamos con la excepción del italiamo Micer Francisco Imperial, de origen italiano.
Como sabemos, la poesía clasica española, así como gran parte de la poesía moderna, véase el magnífico trabajo de Claudio Rodríguez, es métrica, además métrica silábica. Esto suele pasar en las lenguas romances, pero no así en la poesía inglesa, que se mueve por pentámetros yámbicos o dáctilos. La lengua inglesa es mucho más fónica, y es difícil adaptar la fonética a sílabas contadas, recordemos a otro gran maestro de la poesía inglesa, William Shakespeare:

My mistress is nothing like the sun

Donde pueden verse los tres grupos fónicos de los que venimos hablando y que esta lengua conserva, porque la acentuación estaría en:

My mistress is nothing like the sun

Pasaremos ahora a analizar el soneto XIII de Garcilaso:
A Daphne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro oscurecía;
de áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros que aún bullendo estaban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían.
Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol, que con lágrimas regaba.
Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba.

En primer lugar, es obvia la relación, ya no solo formal, sino también temática, con la poesía clásica; este tema está tratado por Ovidio en su Metamorfosis.

In frondem crines, in ramos bracchia crescunt...

En otro orden de cosas, vemos como Garcilaso ya escribe h, procedente de f inicial latina como puede verse en el vs. 7 hincaban, que impide además la sinalefa.
En cuanto a la sintaxis, Garcilaso la actualiza; vimos en el Marqués de Santillana la anteposición del artículo ante el posesivo: las sus ricas mitras, o las tus inopias. Un uso que ya era arcaico en época garcilasiana. Al mismo tiempo Garcilaso prefiere los demostrativos este y aquel, en lugar del más arcaizante aqueste, que no aparece en este soneto.
En cuanto al verbo, se prefiere el imperfecto que viene mejor para la situación descriptiva del soneto, es decir, para el aspecto durativo de la transformación de Dafne en laurel.
Como vemos, Garcilaso no deja nada a la improvisación, va construyendo un edificio armónico y elegante que poco o nada tiene que ver con el soneto de su antepasado,el Marqués de Santillana.
Se utilizna de forma magistral los adjetivos y los nombres ya que se trata de un pasaje descriptivo; predominan los adjetivos antepuestos a los sustantivos: luengos ramos, verdes hojas, blancos pies o torcidas raíces; están antepuestos, es decir, no aportan nada nuevo al nombre, se añade una cualidad inherente al sustantivo. Esta tradición se forma en España en el siglo XV, procedente de Italia y de una sintaxis más latinizante, forma que seguirían los autores del siglo XVII, siendo una excepción en el XVI san Juan de la Cruz, que solo incluye adjetivos en ciertos períodos de su poesía y van pospuestos; toda vez que la diferencia temática es abismal.
Otro elemento que usa Garcilaso en los sonetos es la coordinación de unidades, lo que le da un tono armónico, de visión completa a primera vista, tal y como se pueden contemplar los edificios renacentistas.

A Daphne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban
vs.1-2

los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían
vs.7-8

Como vemos es una bimembración coordinante, diferente a la que se puede apreciar en los vs.3-4, y 5-6, que lo hace mediante una oración de relativo.

En verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro oscurecía

Esto es un rasgo que viene desde Petrarca y que también puede verse en Góngora.
Como vemos Garcilaso confiere al soneto una potencialidad que nadie antes le había dado, y sirve de ejemplo a los grandes sonetistas de España. El conjunto de sonetos garcilasianos es un corpus lleno de gracia, de simetría , tanto en la sintaxis como en el plano semántico. El resultado visual, después de leerlos, es muy plástico, lleno de colores y de movimientos claros. Aparte de la sugerencia, lo que antes era bello ahora se convierte en áspero, en corteza.
Por todo esto, además de la confluencia de grandes maestros como Petrarca, Ovidio, o el español Juan de Valdés, que Garcilaso sabe combinar de manera única, con el objetivo de convertir a una lengua romance en un vehículo de comunicación total mediante una literatura hermosa y bien construida, hacen de Garcilaso un revolucionario en el plano estético, un hombre necesario en lo político, y un clásico que todavía en nuestros días sigue siendo moderno.
Y es que la influencia de Garcilaso ha sido constante desde su muerte; san Juan de la Cruz es uno de los primeros garcilasistas, detalla en sus liras su muestra de amor hacia Dios. Boscán, el gran amigo y confidente, cuya viuda, doña Ana Girón de Rebolledo, publica la obra de ambos escritores en 1543, acto este, el de la publicación conjunta, que Menéndez Pelayo ve como la unión y la hermandad de las letras hispanas. Más adelante aparecería la edición del Brocense, en 1574. En 1580, Fernando de Herrera publica otra edición del toledano. El Licenciado Vidriera fue gran admirador de Garcilaso; Lope lo usa como un antídoto culterano; Góngora también lo defiende en unas rimas. En el siglo XVIII también tiene defensores como Cadalso o Forner. Zorrilla en el XIX Y Bécquer más adentrado el siglo, lo toman como modelo a seguir por la confluencia en una misma persona de la acción y la idea. Y en el siglo XX fue una clara influencia para los autores arraigados, en torno a la revista Garcilaso, que pretendía una vuelta al periodo clásico en lugar de la poesía social de la posguerra española. Pero también otros autores como Alberti, Altolaguirre o Del Valle, que le rinden un sincero homenaje desde su obra. Y ha sido objeto de estudio por parte de autores como Azorín, Marañón, Dámaso Alonso, Lapesa, Alberto Blecua o Antonio Gallego Morell, entre otros. Es decir, su legado aún hoy continua, en una especie de revolución permanente que tan necesaria es para nuestras letras.




Bibliografía:

- ALVAR, Carlos, MAINER, J-C, NAVARRO, Rosa. Breve historia de la literatura española; Madrid, Alianza Editorial, 2004.
  • DE LA VEGA, Garcilaso; Poesía castellana completa; ed. de Consuelo Burell; Madrid, Cátedra, 1999.
  • LAPESA, Rafael; Historia de la lengua española; Madrid, Gredos, 1995.
  • LUIS DE LEÓN, Fray; Poesías completas; edic. de Ricardo Senabre; Madrid, Austral, 1988.
  • JUAN DE LA CRUZ, San; Poesía; edic. de Domingo Ynduráin, Madrid, Cátedra, 2006.
  • RUBIO, Fanny y FALCÓ, José Luis; Poesía española contemporánea; Madrid, Alhambra, 1989.







Joaquín Fabrellas Jiménez.

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