2. una furiosa heteronimia Hicieron la casa con todo lo que sobraba de nosotros, con el resto de nubes pétreas, de hierba recién apalabrada; pusimos palos de escoba o de encina para hacer los pilares más sólidamente frágiles, más vidriosamente de hierro. Había restos de palabras, silencio, el orvallo oscuro de tu memoria, plumas de un ave acuática, cuyo nombre prefiero olvidar por el riesgo a morir recordando, había insectos detenidos en sus fiestas verdes bajo las hojas: estaban el insecto de siete lunares y el coleóptero de estuche recubierto de arena. Todos fueron enterrados en cemento, vilmente, sin emoción alguna, quedaron petrificados bajo la lengua de agua, su muerte era más sólida que las palabras. Los labios fueron enterrados, las manos enterradas, los pies enterrados, el barro era bello y suave. Hubo cantos que no procedían de nadie, no había cuerpo para acrecentar el volumen. Hici...
La realidad era solo el espejo