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Joaquim Marco, Barcelona, 1935.

Perteneciente a la poesía española del medio siglo, a un momento decisivo: los poetas de los sesenta. Un poeta vinculado con autores de la más conocida generación de los 50, como Gil de Biedma o José Agustín Goytisolo. Su obra está todavía en marcha, presentó este mismo año una antología de su poesía.
Este poema es una muestra excelente de la poesía hecha en los setenta, con una clara influencia del cine, este poema se puede considerar como una escena de cine negro. Resalta el espectáculo macabro de una muerte violenta y se detiene en la explicación de los componentes de la escena que abre todo un mundo de sugerencias literarias, El asesinato como una de las bellas artes de Thomas de Quincey está presente en este poema cargado de simbolismo. Una poesía que intentaba abrir las estrechas miras del régimen franquista y se intentaba abrir a una influencia del exterior, tan necesario en ese último lustro del franquismo cuando fue compuesto el poemario al que pertenece.

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A las ruinas del Palacio de Jabalquinto en Baeza

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en humilde silla de anea,
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sin palabras vacías, sin anuncios
a los visitantes ausentes,
tan solo su mirada hueca
de quien crecer ha visto en la piedra
el musgo dormido,
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insondable de tinta,
nadie requiere la ruina o su forma
pobre cuando era solo piedra,
y el zaguán permite ahora el  ensueño
sobre trazos gastados, suave sombra,
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de abrojos, nada y polvo:
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oh su cielo, las risas, ¿qué se hicieron?,
¿dónde están las hermosas mujeres,
sus hombres, la clara belleza anónima,
recorriendo estos pasillos?
Ropas caídas en noches de alcoba,
todo ahora es su miseria y gusano,
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pues su tiempo abre y guarda el espanto.
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Ho…

Pliegos del Condestable

Soneto que dirige la hermosa Carmen de Montilla a su anónimo enamorado, en cuitas de amor quejándose del despecho sufrido. Año 1616.

Pues es mi cuerpo ahora carne inerte,
solo sombra, la piel acariciada
de tu mano que prende por la nada
su rastro; la mirada busca verte

de nuevo, donde el lecho no confunde
la noche herida, fue lejano el vuelo
del ave que guardar solía, cielo
que aúna su recuerdo mientras se hunde

en la noche mi cuerpo con su herida,
rescata el dulce llanto, su alta dicha
no predice el destino, usurpa vida

cruel, lágrima cogiste a mi lamento,
vano fue mi dolor, el daño duro,
pues todo acaba en un sutil tormento.