Ir al contenido principal
Silva libre

Es el recuerdo, brisa
viva de la memoria de tu día,
quede la muerte fuera,
distante ahora: laberinto claro
del rastro que tú dejas,
el dudoso reflejo de tu imagen
en el agua confusa
del tiempo que demora en el olvido:
el deseo de cielo:
lejana luz de un día herido
que viene ya a decirte:
todo el tiempo de entonces,
cuánto daño sin nombre.

El cielo aprende así tu rostro, nunca
la piedad que repasa
en el lamento oído de la noche,
un murmullo de pasos en el viaje
inútil a la nada,
el vacío de un tiempo,
principio de tus miembros,
creando la verdad siempre de tu cuerpo,
la luz mísera que te alcanza débil,
soledad de los astros, la deriva
urgente de tu final, es  tu cómplice
vulgar para la nada
de tu desaparición
en la amarga sintaxis de tu sueño.


Joaquín Fabrellas

Comentarios

Entradas populares de este blog

Góngora y el 27.

-->
Luis de Góngora y la influencia en el 27. Joaquín Fabrellas Jiménez
En las Soledades, el protagonista nos presenta un mundo artificial, como decía Salinas, el poeta revive la realidad, dotándola de nuevos matices y significados. En efecto, la obra de Góngora es una tabla, un decorado. Parte del vacío y prolifera en un mundo abigarrado, hacinado. Nadie se sorprende de ver al viajero. Todos los personajes que aparecen en el poema se muestran al náufrago como personajes de tapiz, a punto de ser pintados; lo que ven los ojos del náufrago es lo que escribe Góngora. La obra tiene espíritu discursivo. Y crítico. La obra de Góngora propone un modelo de conducta ante la sociedad. El náufrago, como el propio poeta, ha conocido los secretos de la Corte y la vida en la gran ciudad. Ambos conocen las presiones, los servilismos, las briegas a las que se debían hacer frente para pertenecer a esa oligarquía basada en el nacimiento afortunado y en la manutención y disfrute de ciertas hereda…

Arthur Rimbaud: a contracorriente

Trabajo sobre la obra de Diego Jesús Jiménez

Sobre la belleza en la obra de Diego Jesús Jiménez Un apunte
Hablar a estas alturas de la obra de Diego Jesús Jiménez es una tarea redundante. La obra reciente del profesor Juan Manuel Molina Damiani sobre antiguas y nuevas aportaciones a la obra de Diego hacen de este apunte un mero complemento superfluo. Con mayor o menor fortuna, se han tratado aspectos interesantes de su obra, las aguas del Júcar, el río del que tanto se habla en su poesía, el elemento camp, la transformación del joven poeta en un poeta consagrado, etc. Sin embargo, me gustaría tratar aquí un aspecto que, si bien es inherente a la poesía, toda la soflama posmodernista nos lo ha hecho ver como algo ajeno. Hablo de la belleza; la belleza como categoría estética, la belleza como parte de la modernidad, como función en la poesía, no como adorno. Toda la poesía francesa moderna trató de despojar a la poesía la parte más parnasiana porque sí, o al menos, la más interesante. Se descubrió la carroña, la ciudad, lo feo, lo m…