EL RECREO Oír un timbre ... en el renglón tachado, niños de sombra que se ordenan con calma de ciprés ante las puertas. Guardan su turno para entrar en el silencio de la Historia. Octubre: su navaja de lluvia desbrozando cuerpos en babia, lienzos que la muerte recoge entre tu sien como el naipe marcado del prestidigitador. Tú. Tu resaca de ilustres apellidos cuyas orlas arrasa, en su oleaje blanco, la justicia del tiempo. La carcajada del maestro. A la pizarra, Casanova, Recítanos, desvélanos el alma que pernocta tras esa verde y silenciosa manera de mirarnos: a qué reloj, a qué pecados, a qué función oscura das vida en esas fiebres de insolente ojeador. Velamos la blancura del sueño, su mentira. El dulce porvenir, la santificación de ese fruto que nos llama al bocado tras la íntima culpa, y seguir, continuar devorando el salitre y la gula que resta de la gran bacanal, del supremo reparto al que nacimos sin ot...
La realidad era solo el espejo