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¿Por qué no me gusta Gran Hermano? O, ¿ por qué no me gusta que me llamen tonto?
Una aproximación crítica a este formato televisivo.
 Primera parte.
Joaquín Fabrellas

Ante todo, escribo este pequeño ensayo porque me gustaría explicar este rechazo a un formato televisivo de gran éxito y arraigo en España. Mi rechazo ante uno de los programas con más proyección en la pequeña pantalla.

En primer lugar, podríamos empezar por el formato televisivo, aspectos técnicos en los cuales no soy especialista, y que, por tanto, no voy a entrar a criticar. Desde un punto de vista estético, es un programa feo, con un plató gigante, mal iluminado y con una producción forzada, supeditada a la supuesta acción del programa, la cual, la mayoría de las veces, es inexistente, o da la sensación de forzada, es decir, dirigida por un guión más o menos pactado entre la productora y los concursantes; acción claramente subordinada a una audiencia. 
Se trata de un programa bastante económico, la capacidad publicitaria de un programa como Gran Hermano hace que la inversión inicial del producto, las cámaras, la producción, las galas, etc., sea rentable en poco tiempo. Es un programa que se financia  a sí mismo. Los ejecutivos de la cadena deben estar contentos y los productores del programa también, porque el esperpento funciona.
Otra cosa muy diferente es el contenido del programa. Es increíble la capacidad de reunión que tiene este programa en torno al vacío, a la nada, y la nada es algo muy peligroso porque como diría Goya, produce monstruos. No hay ningún entretenimiento en torno al vacío, o lo que es peor, el discurso vacío produce pensamiento vacío o pobre, algo que no es necesario para un público mayoritariamente joven y en plena edad de formación. Los programas de entretenimiento en las cadenas generalistas  se basan en la actividad económica y por ende, publicitaria, discurso altamente maleable, persuasivo y obcecado. Por tanto, este tipo de entretenimiento resulta bastante aburrido porque, como dije antes, se produce desde el grado cero del que hablaría Barthes; el grado cero de la imagen, si se combina sabiamente con la palabra, tiene posibilidades ilimitadas, pero no es rentable. Los modelos culturales del que surgen este y otros programas proceden de la masa y está destinada a crear hombres-masa, es decir, sin un pensamiento determinado y fácilmente manipulable por el discurso, altamente persuasivo de la publicidad que ribetea este programa y la mayoría de los canales de televisión generalistas.
Otro de los motivos que me causa mayor rechazo es la intención malintencionada, basada en lo mendaz, en una falsa impresión de libertad y sentimiento democratizador; una especie de movimiento allanador, igualitario, que tiende a hacernos pensar que la sociedad es parecida al grupo humano que se nos presenta en la pantalla y , nada más lejos de la realidad, la sociedad es mucha más rica, más compleja e inteligente que lo que se nos muestra en este programa televisivo. El pueblo llano es mucho más inocente, más ingenuo, mucho más espontáneo que los corsés supuestamente despreocupados que se presentan en la pantalla de este canal. Estas personas parecen estar teledirigidas por unas pautas consumistas, hasta el punto de poder enzarzarse en disputas sin sentido durante días, o iniciar auténticos momentos de odio y la manipulación consiguiente hasta llegar a despreciar a un concursante sin motivo aparente, y eso es conductismo, como el famosísimo perro de Pavlov, o tal y como decía Orwell en su novela seminal 1984, el minuto del odio hacia el enemigo Goldstein, y esta mención a Orwell no es vana, como demostraré en la siguiente parte de este artículo.

Referencias bibliográficas:
- Barthes, R.; El grado cero de la escritura.
- Eco, U.; Apocalípticos e integrados.
- Orwell, G. ; 1984. 

Joaquín Fabrellas

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