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Un mundo sin textos, Joaquín Fabrellas.

1936, 1939, 1956,... Y tantos otros años. ¿Y qué, dicen algo? Harto de repetirlos, hastiado de decírselo a mis alumnos. Cuando la biografía se confunde con la historiografía y esta con la literatura, y esta con la sintaxis. ¿Y qué tienen que ver? ¿Dónde está la motivación para el alumnado? ¿Pasaría algo si la literatura dejase de existir? En el fondo, quiénes son esos nombres, porque ni siquiera parece que haya un ser humano que se corresponda con ese nombre, con esa sucinta biografía, con la obra y la ideología que desarrolló ese autor a lo largo de su vida, porque en el fondo Cernuda era un señor que escribía versos, y la Zambrano una pensadora que perdía el tiempo con estupideces sobre el hombre. Y así nadie se pone de acuerdo. Pero se nos escapa la pregunta fundamental: ¿quién decide poner en ese olimpo sagrado de nombres y fechas a los autores?, ¿quién mueve los hilos de la máquina?¿ Por qué se estudia a Galdós y no a Pedro Antonio de Alarcón? ¿Alguien recuerda que Benavente fue premio Nobel?

Siempre pensé que la fama de unos es el anonimato de otros, que esa fama se debe a motivos que ni el propio autor conoce, es decir, que pertenece a motivos puramente económicos o editoriales, que para el caso es lo mismo; la literatura editorial se mueve por parámetros ajustados de beneficio económico y de márquetin neoconservador, y esto no es nuevo, como ya sabrán.
En España hay una potente industria editorial, pero falta una buena industria editorial, perdón por  el pleonasmo. Muchos autores hemos encontrado en las nuevas tecnologías la salida a una situación insostenible: la falta de publicación.


De todas formas, creo que no sería capaz de elucidar una realidad sin literatura, o, mejor dicho, sin palabra escrita o elaborada. Habría que prohibirlo mediante la ley. Y eso es una contradicción. En un principio, pensar en un mundo sin textos escritos, es, básicamente imposible, ya que, actualmente, todo se articula mediante el texto, bien legal, o bien, con finalidad artística, o de entretenemiento. Todo el mundo sensible, tal y como lo concebimos, es un imenso texto escrito, y eso es peligroso en sí mismo, porque puede ser manipulado por los grandes discursos de poder. Y es que no se ha inventado nada mejor que la palabra que sirva de sello entre la realidad figurada y lo real, entre el hombre y su correlato legal. Todo debe ser escrito. La palabra escrita permite equivocarse a una especie que hace del error su seña de identidad, que hace de la repetición el comienzo del aprendizaje, entonces el texto escrito se dirige en todas direcciones. El texto escrito es una de las posiblidades más importantes de la palabra, es su máxima realización.
Hablar de un mundo sin textos sería repasar la historia de la literatura distópica actual, como tan brillantemente hicieron Huxley, Orwell o Ray Bradbury. Y otros ejemplos que han hecho de la política un tubo de ensayo con cobayas naturales, véase el caso de Corea del Norte: un caso flagrante de condicionamiento político, humano, sentimetal, una sociedad del terror controlada por una dinastía de iconos que surgieron de la guerra coreano-japonesa.

No tener textos escritos, literatura, poesía, autores, sería volver a la memoria, a la enunciación memorística y apesadumbrada del hombre en su caverna, volveríamos al trazo en la pared, a un principio semihumano de gruñidos y chasquidos sobre los que se construyeron las bases de nuestra civilización. Sería, en definitiva, enterrar la civilización actual tal y como la conocemos hoy en día, ya que todo desarrollo humano, artístico, científico pasa por la letra escrita; de otra forma, volveríamos a una humanizada edad de piedra.

La manipulación sería aún más factible de lo que es actualmente. Si en esta época de plena alfabetización, la manipulación es visible, volver a una época en donde no hubiese textos de ningún tipo, sería volver milenios atrás en la historia de la evolución humana.

Un mundo gris, mecanizado, autómata, dirigido en sus pensamientos y sus emociones, un pueblo infantilizado en suma.Sin textos, no habría imaginación, es más, se aboliría la imaginación como algo peligroso. La uniformidad sería un valor en alza. La aparición de otra forma de arte sería también imposible, porque, el hombre es, fundamentalmente, lenguaje. No solo es un valor cultural, sino también un valor sentimental, porque es lo que une al hombre con la cadena ancestral de la especie, y eso no puede ser cambiado, de hecho, años de evolución desde la aparición del libro, siendo incluso un objeto "obsoleto",  no ha podido ser prohibido ni cambiado en lo más mínimo, a no ser la aparición de la grapa que permite usarlo con mayor comodidad. ¿Es en verdad el libro electrónico una amenaza para el libro como objeto? No hablo del contenido que no se verá modificado por la aparición y posible implantación del libro electrónico. Sin embargo, está claro que el público rechaza el soporte electrónico, principalmente por un motivo romántico: el olor, la textura de las páginas, evitar el incómodo parpadeo de la pantalla de coltán, o el simple hecho de dirigirse a la librería a ver otros libros y hacernos con algunos de ellos.

Y es lo que yo también comento a mis alumnos repetidamente, el acceso a internet, no nos hace conocedores de aquello que estemos buscando momentáneamente, internet nos hace usuarios, estadística fría, no auténticos conocedores, porque el que busca ya está en el camino del conocimiento, está más cerca de encontrar una respuesta o una duda mayor, que es principalmente lo que suele ocurrir. El conocimiento es un camino inmenso plagado de dudas, la duda es hermosa y nos hace ir uniendo los puntos imaginarios en el camino de la forja de la cultura o de la formación del hombre, el que no vea importancia en la adquisición del conocimieto estará forjando a un ser vacío, inerte, y por ende, manipulable. No somos capaces de dar  importancia al desarrollo cultural en el ser humano, y me refiero a la música, la arquitectura, el teatro, la lectura, o la gran olvidada de este debate, la ciencia, porque la ciencia se adquiere también desde el lenguaje. El desarrollo científico también es desarrollo cultural, hace del ser humano alguien mejor y tiene como centro principal el propio ser humano: es así de sencillo. Intentar separar la cultura de la ciencia es un debate que debería ser desterrado de los currículos educativos que los diferetes gobiernos en el poder se empeñan en imponer de manera irresponsable. Y eso es manipulación.

Ludwig Witgenstein afirmaba que no existían los problemas, tan solo había problemas lingüísticos, es decir, faltas de comprensión o faltas de interpretación en el lenguaje, por eso es tan importante el buen conocimiento del idioma, de sus reglas básicas, la sintaxis, el orden que hace de un magma ingente de palabras algo con lo que construir una catedral renacentista o el desarrollo teórico de la vacuna de una enfermedad mortal. Y leer sirve al niño de líquido que engrasa los engranajes de la mente para desarrollar ideas, soluciones, el hallazgo de la palabra adecuada que hará que nos recuerden frente a otro candidato en una entrevista de trabajo.

Controlar el lenguaje es controlar tu vida, es el máximo poder de decisión que jamás se podrá ejercer sobre uno mismo. Ser el dueño de tus decisiones sin interferecias ajenas. Si hacemos un breve repaso a la historia encontramos que los grandes emperadores han estado siempre acompañados de grandes escritores. Recordamos a Garcilaso de la Vega en la corte de Carlos V. Jorge Manrique, perteneciente a la influyente familia de los Lara, que apoyaba a la reina Isabel la Católica. Fracisco de Quevedo en la corte de Felipe IV, y tantos otros ejemplos: Juan de Mena, Calderón, etc.

Es obvio que poder y discurso han estado siempre unidos, que son parte de una misma moneda. La literatura se ha ido desarrollando a la par que el hombre ha ido alcanzando nuevas cotas, todo lo descubierto debe ser expresado, y si no fuese escrito, sería olvidado en pocos meses. La historia existe porque puede ser interpretada, y da igual el desarrollo tecnológico que alcancemos, el libro es algo "conservador" y rebelde, respeta su forma mientras, lenta e inexorablemente, cambia el mundo y su forma de mirar las cosas.

La escritura se ha aliado con todo lo que es nuevo, con todo lo moderno, al mismo tiempor que remoza lo antiguo y la idea de los clásicos: textos de Catulo que ruborizarían al más atrevido hoy en día, Homero y su bellísima transcripción del Mediterráneo que no pasa de moda porque es describir el alma del hombre y su radical soledad contra los elementos. Y eso no ha cambiado desde que el hombre puso su mano temblorosa sobre las paredes de Altamira, en las que plasmó la belleza mimética de lo que le rodeaba, un primer intento de comunicación del alma humana y lo absoluto de esta existencia precaria que es el ser humano.

Simplemente, sin textos no habría pensamiento, ni eso que tanto nos define como personas: la expresión de los sentimientos, no sabríamos cómo expresarnos o nos expresaríamos de otra forma muy diferente, incorrecta o pobremente. Desde que apareció la escritura el hombre ganó en memoria, en juicio, pudo volver a repasar lo dicho y, lo que es más importante, estableció una serie mínima de reglas de conducta que sentaron las bases para la convivencia común en sociedad y en las ciudades, que en definitiva, son el motor de la historia, estructurando la historia del desarollo humano y el refinamiento que acompañaría a las diferentes cortes de todos los continentes. Desde que apareció el lenguaje escrito, el hombre es más humano, menos animal, o menos instintivo, claro que, todo tiene una doble lectura, y la manipulación de la historia aparece desde el momento cero del nacimiento del lenguaje escrito y su reglamentación, la sintaxis, y para eso sirve esa ciencia, para saber manejar con soltura el lenguaje, y de camino, nuestro pensamiento y nuestro proceder social. La estructuración del lenguaje se debe en gran medida al conocimiento que tengamos de la sintaxis, y esta surge de un pensaminto que surge en tromba y se simplifica gracias al poder de selección del lenguaje y la economía lingüística. No somos capaces de entender la importancia del lenguaje y cómo nosotros somos esencialmente lenguaje y nuestro pensamiento está intimamente ligado al lenguaje. Nuestro éxito en la vida tendrá que ver con los mecanismos de control de esa fuerza arrolladora que es el lenguaje. También afirmó Machado que si en España las personas pensásemos antes de hablar, se produciría un enorme silencio, es decir, saber hablar, es, sobre todo, y principalmente, saber callar. La pertinencia de la palabra hablada es tan importante como la audacia de la palabra pronunciada.

Una vez que se controlan los mecanismos de la escritura,( porque la sintaxis es anterior a su existencia, por simple que fuese), aparece la manipulación en el mensaje cifrado o escrito, al principio como una superstición mágica unida a la recitación correcta y única de la religión. Y, precisamente, para evitar esa manipulación es necesario el lenguaje. Imaginad la población medieval, una población principalmente analfabeta: falta de centros educativos, poder férreo de la iglesia, ausencia de universidades, falta de lectura, y por tanto, falta de juicio, de interpretación del mundo, porque el mundo es mucho más acotado y pequeño si no leemos, es difícil interpretar lo que vemos si no es gracias a un lenguaje y al pensamiento que lo sustenta. Esa población medieval se encontraba larvada en un estado infantil de desarrollo , a pesar de la frescura que caracteriza al ser humano y la natural animosidad del hombre, pero está claro que la lectura ha ayudado al hombre en todos sus hallazgos Al igual que la población medieval era manipulable por la falta de interpretación personal del mundo, hoy en día, el poder de manipulación por parte de los discursos del poder no son menos poderosos: los medios de comunicación, internet, la T.V., y sobre todo, la publicidad, el arte de manipular conciencias mediante la palabra mientras se crea un gusto de tipo colectivo que hace a la ciudadanía sentirse parte del grupo o ser eliminado, como diría Eco: Apocalíptico o integrado. Y por encima de todos estos discursos está el más importante y que ha gobernado el mundo desde la aparición del lenguaje, el discurso de poder político, aliado a su vez con el discurso de los medios de comunicación que hace de la población un laboratorio abierto de posiblidades discursivas.

Joaquín Fabrellas.




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