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La rapidez de la chispa



La rapidez de la chispa

Si hay científicos que afirman que los cometas contienen partículas de hielo y fuego, piensen ustedes en la rapidez con la que se produce una chispa al chocar de dos piedras, la celeridad con la que se produce y el vértigo con el que desaparece, por lo que se deduce que si un Dios existiese, nosotros, es decir, este universo posible en el que no somos más que un error metódico de un Dios niño que no hace otra cosa que jugar con las piedras, podemos deducir por tanto que somos las esquirlas de una piedra que choca con otra y que además, colijo, que ni siquiera somos tan inmensos, sino que, somos del tamaño de unos guijarros y tampoco eso, sino que somos el humo infinitesimal que se escinde de esa pequeña colisión, imagínense esto con la variable del Tiempo: desde la creación de este universo accidental no ha pasado ni un solo segundo, pero el tiempo de la hormiga no es el mismo tiempo que el del hombre. Me decanto por el paganismo.

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Pliegos del Condestable

Soneto que dirige la hermosa Carmen de Montilla a su anónimo enamorado, en cuitas de amor quejándose del despecho sufrido. Año 1616.

Pues es mi cuerpo ahora carne inerte,
solo sombra, la piel acariciada
de tu mano que prende por la nada
su rastro; la mirada busca verte

de nuevo, donde el lecho no confunde
la noche herida, fue lejano el vuelo
del ave que guardar solía, cielo
que aúna su recuerdo mientras se hunde

en la noche mi cuerpo con su herida,
rescata el dulce llanto, su alta dicha
no predice el destino, usurpa vida

cruel, lágrima cogiste a mi lamento,
vano fue mi dolor, el daño duro,
pues todo acaba en un sutil tormento.

A las ruinas del Palacio de Jabalquinto en Baeza

Y el viejo sentado a la puerta
en humilde silla de anea,
daba la entrada al palacio
sin palabras vacías, sin anuncios
a los visitantes ausentes,
tan solo su mirada hueca
de quien crecer ha visto en la piedra
el musgo dormido,
y a la ruina del tiempo pronunciar
el olvido, su nombre condenado
de la historia y la fama,
el silencio que alberga aquí su ruido
insondable de tinta,
nadie requiere la ruina o su forma
pobre cuando era solo piedra,
y el zaguán permite ahora el  ensueño
sobre trazos gastados, suave sombra,
duerme adentro la luz cerrada en claustro
de abrojos, nada y polvo:
la heráldica, escudos, escaleras,
oh su cielo, las risas, ¿qué se hicieron?,
¿dónde están las hermosas mujeres,
sus hombres, la clara belleza anónima,
recorriendo estos pasillos?
Ropas caídas en noches de alcoba,
todo ahora es su miseria y gusano,
hueso callado de la traición
del tiempo inefable,
pues su tiempo abre y guarda el espanto.
Donde ayer hubo brillo hoy solo queda
su ceniza creciendo para el cardo.
Ho…