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Monstruos de infancia.
David Bagel


Miré a ese hombre de modo extraño, me recordaba a un monstruo de la infancia, uno de esos monstruos a los que se coge cariño con el tiempo, esos rostros que se van olvidando y el miedo se convierte en ternura, en dulzura: su rostro me parecía tierno.

Él, sus ojos airados, sin embargo,  me miraba con pavor, con una especie de angustia, con un miedo real, como si hubiera comprendido al fin la fecha de su muerte.

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