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Nombres escritos en la corteza de los árboles. Sevilla. Isla de Siltolá. 2014.
Ángel Rodríguez.

Este es el segundo poemario del poeta jienense Ángel Rodríguez. Su voz poética ha ido madurando y así lo demuestra en este hermoso poemario que va recorriendo la naturaleza sentimental  de su pasado que convierte en texto en estos veinticico poemas que recoge el libro. Un repaso a todas las mujeres que han marcado su vida, una educación sentimental a veces erótica, a veces, respetuosa con su recuerdo que se transforma en poema, y , por tanto, retoca el contenido del pensamiento vivido.

Rodríguez confiere mucha importancia en su poesía al elemento natural, a lo telúrico, a lo que no necesita ser modificado, en parte, como su poesía, una poesía que juega a la ilusión de estar escrita desde un discurso directo, apenas sin transformación, un poco como los maestros renacentistas del "escribo como hablo", que no es más que un recurso, y además, uno de los más difíciles de ejecutar en poesía, véase, por ejemplo, en el siglo XX poetas como Gil de Biedma o  Gabriel Ferrater, ambos, dueños de una poética heredada de la tradición sajona que pretendía objetivizar el sentimiento enardecido y dominarlo mediante un discurso cercano y afable como propuso el teórico inglés Langbaum en su ensayo La poesía de la experiencia.

Si hablo de influencias, me gustaría destacar sucintamente al malogrado Alfonso Costafreda, aquel poeta que construyó su singularidad poética a partir de un discurso que se asemejaba al tono neoplatónico de ciertos poetas del 27, pero cuya radical originalidad reside  en la distancia con la que trató de forjar una nueva poesía basada en una experiencia amorosa que subyugó toda su vida personal y sentimental, así lo confirma su libro Compañera de hoy de 1966:

"Compañera de hoy, no quiero
otra verdad que la tuya, vivir
donde crezcan tus ojos
dando tu luz, tu cauce
a lo que veo y siento..."

Por otra parte debería también hablar de Gabriel Ferrater, de la siempre fructífera y adecuada influencia en la poesía castellana, a pesar de estar escrito por completo en catalán, pero desde parámetros poéticos que tanto compartieron la generación del medio siglo y alguna poesía catalana. Otra vez el monólogo dramático que se expande en el discurso racional de la poesia, una máscara de mismo, ese yo otro machadiano que enuncia con acierto su verdad. Gabriel Ferrater rinde pleitesía en su obra Les dones i els dies, de 1968, a esa otra gran fuerza telúrica, en efecto, simbólica, donde ancla toda su poesía, la mujer y su poder transformador, el elemento natural de nuevo que se recoge en la obra de Rodríguez.


Helena

"Cumples veinte años,
vienes de donde no recuerdas,
miras adelante
y quieres hacer una sola
limpia transparencia de los millares de vidrios
que son días tuyos..."

Aparte de todo esto, la poesía de Ángel Rodríguez se consolida en cada poemario con una voz original, propia que se va abriendo camino y que pone a la poesía actual jienense en un lugar destacado dentro de la poesía andaluza.

María

María es liviana como la arena en un vendaval,
cuando el sol se precipita triste
entre los montes de la tierra yerma.

De Nombres escritos en la corteza de los árboles.

Joaquín Fabrellas


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