El mal de Salieri. Joaquín Fabrellas Desconozco,(creo además que no), si existe un síndrome, o un complejo psicológico llamado así: el mal de Salieri, si no existe, este sería un buen momento para iniciarlo, para darle carta de naturaleza y describirlo. Al igual que el mal de Stendhal, ese mal que alguna vez sentí en la Plaza Vázquez de Molina por la suave conjugación de buen tiempo y goce estético, por el sutil laberinto que Vandelvira plasma en El Salvador, y su inagotable juego de resonancias, ecos y metáforas de piedra. Ignoro también si existe el mal de Bartleby, aquel oscuro funcionario rebelde que se negaba a hacerlo. A veces, deberíamos seguir sus pasos, sobre todo, cuando tenemos que negar nuestras convicciones. La literatura y los mitos clásicos siempre nos han ayudado a describir ciertas carencias sentimentales, aficiones o afectaciones que son difíciles de describir en sí mismas, de ahí lo socorrido de estas figuras: el complejo de Edipo, el mal de Yocasta, el de Sís...