Ir al contenido principal

F, de Justo Navarro

F. ; Justo Navarro. Anagrama, 2003.
Joaquín Fabrellas

Una vez acabado la lectura de este texto, ¿cómo llamarlo? No es una novela, ni una biografía, ni la mezcla de ambos géneros, ni un ensayo. Cada vez es más difícil ponerle nombre a las obras de Justo Navarro y ese desafío me interesa cada vez más. De eso trata la buena literatura: trata de encontrar nuevos caminos, nuevos nichos lo llaman en Márketing para principiantes, pero la lectura de Justo Navarro no es para principiantes, ni para un gran público, para lectores avezados sí.

Se establece también una critica al negocio editorial, el negocio editorial es tratado como lo que es: un gran negocio que tiene que ver con el diseño, con el poder, con la manipulación del discurso. Un discurso que sirvió para oponerse a la dictadura de Franco: en el libro se suceden diversas reuniones en diferentes lugares  donde se deciden, las editoriales deciden, el mismo Ferrater decide desde su verborrea y su figura escondida tras las eternas gafas negras del siempre niño inquieto que fue Ferrater, quién iba a ser el autor más importante de ese año, quién iba a ser el más traducido en las editoriales europeas.

Por otra parte, la obra ofrece una amplia panorámica de los autores de los 50 en España: Salinas hijo, aristócrata de la literatura criado fuera de España y que deslumbró a todos a su vuelta a España. Carlos Barral, editor y poeta, miembro de la generación de los 50, compañero de Gil de Biedma o Alfonso Costafreda.

El texto nos ofrece una biografía tan real como imaginada, Navarro se ha basado en las obras de Ferrater, en diversas biografías sobre su figura, estudios sobre el poeta y otras obras que se publicaron de forma póstuma gracias a la labor de su hermano Joan Ferraté. Impresiona la declaración inicial sobre el suicidio confesado a Salinas hijo un día de verano tomando algo despreocupadamente. Ferrater llevaría a cabo su promesa, como ya sabíamos desde tiempo antes de haber leído el libro. Por eso siempre me atrajo la figura de Ferrater, qué lo llevo al suicidio, siendo además un suicidio anunciado. ¿Qué razones tendría el brillantísimo poeta-editor-profesor universitario-lingüista-políglota-rico heredero de una casa de exportación para suicidarse?

No dejo de pensar en Larra, en Zweig, en Costafreda, en el propio Ferrater... en tantos otros que no mencionaré por escrúpulos y por respeto.

Esta obra, como ya dije, está escrita por uno de los mejores novelistas actuales de la narrativa española, véase mi entrada sobre Finalmusik en este mismo blog; pero además escribe sobre uno de los mejores poetas en literatura catalana. Además, sin complejos, ya me gustaría saber más catalán para poder leer esa gran obra en su original: Les dones i els díes; yo tan solo he leído una traducción. En el original leo a Eliot y a Pound, a Pessoa y a Caeiro y a veces, cuando me levanto poderoso, a Rimbaud, pese a mi escaso francés.

Entonces, uno de los mejores novelistas escribiendo sobre uno de los mejores poetas del siglo XX. Algo así como si Robert Musil hubiese escrito la biografía inventada, real, imaginada, de Gotfried Benn.

Navarro repite uno de sus recursos más utilizados, la referencia cultural continua, un mise en abyme continuado, solo que en esta obra aparece solo al final, en cuanto se refiere a la vida del matemático francés Galois, figura que se compara al propio Ferrater, su mente de matemático, de racionalista explosivo que no sabía poner orden a tanto desorden vital, pese a la inicial y premeditada cercanía de los versos de Ferrater, en una especie de contrapunto estético en literatura catalana de lo que se estaba haciendo en literatura castellana de mano del también catalán Gil de Biedma y su falsa y premeditada cercanía poética,(todo aquello que parece fácil, no lo es: axioma) si no, fíjense en la obra de Cervantes, nada tan complicado como querer trasladar el habla cotidiana al lenguaje escrito.

Para mí, opinión subjetiva, claro, la parte de agradecimientos de la obra me parece una parte más del texto, debería incorporarlo como una parte dentro, no como una parte fuera, eso es parte fundamental de la literatura moderna, las referencias culturales, tan importantes en Navarro, no deberían estar ahí, sino siendo un elemento más de la narración, como en Finalmusik; es algo así como una biografía sentimental en la que se mezcla el autor y el protagoista forzoso de este magnífico relato.

Y es que yo siempre me había imaginado a Ferrater como el protagoista demasiado intelectual de una película del Realismo o del Neorrealismo, algo así como un Marcelo Mastroiani en una Milán posindustrial donde no encaja y donde nunca supo, o sabría ser feliz, por su inteligencia, por su sensibilidad, por su insaciable voracidad.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Góngora y el 27.

-->
Luis de Góngora y la influencia en el 27. Joaquín Fabrellas Jiménez
En las Soledades, el protagonista nos presenta un mundo artificial, como decía Salinas, el poeta revive la realidad, dotándola de nuevos matices y significados. En efecto, la obra de Góngora es una tabla, un decorado. Parte del vacío y prolifera en un mundo abigarrado, hacinado. Nadie se sorprende de ver al viajero. Todos los personajes que aparecen en el poema se muestran al náufrago como personajes de tapiz, a punto de ser pintados; lo que ven los ojos del náufrago es lo que escribe Góngora. La obra tiene espíritu discursivo. Y crítico. La obra de Góngora propone un modelo de conducta ante la sociedad. El náufrago, como el propio poeta, ha conocido los secretos de la Corte y la vida en la gran ciudad. Ambos conocen las presiones, los servilismos, las briegas a las que se debían hacer frente para pertenecer a esa oligarquía basada en el nacimiento afortunado y en la manutención y disfrute de ciertas hereda…

Arthur Rimbaud: a contracorriente

Trabajo sobre la obra de Diego Jesús Jiménez

Sobre la belleza en la obra de Diego Jesús Jiménez Un apunte
Hablar a estas alturas de la obra de Diego Jesús Jiménez es una tarea redundante. La obra reciente del profesor Juan Manuel Molina Damiani sobre antiguas y nuevas aportaciones a la obra de Diego hacen de este apunte un mero complemento superfluo. Con mayor o menor fortuna, se han tratado aspectos interesantes de su obra, las aguas del Júcar, el río del que tanto se habla en su poesía, el elemento camp, la transformación del joven poeta en un poeta consagrado, etc. Sin embargo, me gustaría tratar aquí un aspecto que, si bien es inherente a la poesía, toda la soflama posmodernista nos lo ha hecho ver como algo ajeno. Hablo de la belleza; la belleza como categoría estética, la belleza como parte de la modernidad, como función en la poesía, no como adorno. Toda la poesía francesa moderna trató de despojar a la poesía la parte más parnasiana porque sí, o al menos, la más interesante. Se descubrió la carroña, la ciudad, lo feo, lo m…