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Rinconete y Cortadillo. Una lectura crítica. II
Joaquín Fabrellas

La crítica del libro se establece ya desde la elección del lenguaje, por la utilización de ese lenguaje tan popular,( Cervantes había publicado La Galatea, obra de lenguaje engorroso y artificial como corresponde a una novela de género pastoril en el año 1585); de modo que tenemos a un escritor que se mueve a la perfección entre los diferentes estilos narrativos para conseguir su finalidad, y eso es genialidad. Hoy día los escritores son más uniformes y perseveran durante gran parte de su vida para conseguir un estilo único, consiguiéndolo o no. Cervantes veía más adecuado cambiar de estilo y no preocuparse sino por escribir bien. Pero los actuales son parámetros mucho mas económicos que de calidad literaria.
En este caso utiliza un cierto tono picaresco, ya que la novela en sí misma no se puede considerar como picaresca, toda vez que no está escrita "por los pulgares", es decir por el propio personaje de su puño y letra. La elección del doble personaje en lugar de uno solo como suele pasar en casi todas las novelas del género. Tampoco es una novela de formación, es obvio que el formato de novela corta o de relato no le daba más espacio a Cervantes para hablar de los orígenes de los personajes y de contar cómo habían parado en los Campos de Alcudia, en especial, en esa Venta del Molinillo donde ambos se conocen por "un acaso". Es un relato en tercera persona.
De hecho, ambos personajes sirven como excusa para introducirnos en el ambiente de Monipodio, verdadero personaje en la sombra de la novela y organizador del mundo del hampa sevillano. Actividad que recibe un tratamiento honroso por parte del autor, Monipodio es un personaje casi entrañable, y lo que es más importante, justo donde los haya, no está movido por la avaricia y es honrado con todos sus trabajadores.
El aspecto de Monipodio era: "moreno de rostro, cejijunto, barbinegro y muy espeso[...] Venía en camisa, y por la abertura de delante descubría un bosque: tanto era el vello que tenía en el pecho".
Por lo tanto, parecía lo que era, un desalmado por fuera, pero que es capaz de llevar con un férreo control toda la actividad delictiva de una ciudad con el consentimiento de muchos en la ciudad que veían su actividad como algo normal en la época. Como muestra, apuntaba en un "libro de memoria" las actividades que se tenían que llevar a cabo y cuándo se daban por finalizadas estas actividades:"Memoria de las cuchilladas que se han de dar esta semana"; o "Memoria de palos", o el más extenso e igualmente irónico y burlesco: "Memorial de agravios comunes, conviene a saber, untos de miera, clavazón de sambenitos y cuernos, espantos, alborotos y cuchilladas fingidas, publicación de nibelos". En definitiva, toda una escuela de la extorsión que Cervantes debió conocer muy bien, casi de primera mano, de seguro, a resultas de sus trabajos como recaudador de los Pósitos Reales, donde tuvo que hablar con millares de personas. Y conocería las trazas y las trampas de toda esta germanía durante su estancia en la cárcel, y aprendió la forma de hacer que gastaba esta gente. Cervantes les da dignidad humana a una actividad como la ciencia de Caco. Y nos presenta a Monipodio como un personaje justo cuando aparece el alguacil a pedirle una "extraviada" bolsa de ámbar que ha desaparecido. El estamento de seguridad también estaba comprado, así como los robos en la iglesia. Pide a sus ladrones que aparezca la bolsa ya que él mismo daría a quien la hubiese robado su valor, tal era la conexión con las fuerzas de seguridad, que podían ser muy útiles en ciertos momentos luctuosos.
Parece decirnos aquí Cervantes, harto de fatigar puertas y tratar con gente de todas las clases sociales, que la gente del hampa tenía su lógica y sus normas, quizá en mayor modo de lo que se esperaba, y parece también decirnos, que los que deberían haberse comportado como gentes de bien, no lo hacían, o que quizá, esa forma de actuar era la más adecuada, ya que el propio Cervantes sufrió la cárcel por fallos en la contabilidad de su trabajo, él, que tanto había hecho por España, desde la batalla de Lepanto, donde perdió el uso de la mano izquierda, o los cinco años en Argel, como prisionero de guerra capturado cuando volvía de su hazaña bélica. Aquel escritor que no encontró la fama sino muy tarde, y apenas el beneficio económico que se supone acompaña al éxito. Autor y exponente de una cultura universal, creador de personajes universales, que tanto hizo por la literatura española, y tan poco reconocido en vida por sus coetáneos, apenas reconocido como poeta, algo que jamás llevaría bien, "la gracia que no quiso darme el cielo", y cuya obra magna, según él, sería La Galatea", obra que actualmente no es leída por nadie, excepto por especialistas en literatura cervantina. El Quijote para él sería un nuevo fracaso, una boutade más entre tanta mediocridad literaria, un ataque directo a las farragosas novelas de caballerías, crítica a un mundo pasado, como la propuesta de Rinconete, Cervantes, harto de fatigar estilos, palabras , noches, comedias sin chicha que el genial Lope superaría de forma casi cruel y distante. Acabar con lo mediocre, ese fue su verdadero cometido, y así lo hizo en sus Novelas ejemplares. Un Cervantes genial que parece avisarnos del gran teatro del mundo, el sentimiento barroco por excelencia y la lección personal de que nada es como parece. El fiable testimonio de un hombre agotado y vencido.

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