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Alejo Carpentier y la influencia clásica en América Latina. Joaquín Fabrellas

  1. Introducción: la influencia clásica en América Latina.

Más tarde o más temprano, todos los países latinoamericanos pasaron por la necesidad de autoafirmación, toda vez que se habían roto los lazos con la metrópoli. La necesidad de definirse como nación, intentando crear nuevos vínculos nacionales; ya no solo políticamente, sino también intelectualmente.
En el momento de desligarse de la nación imperialista, España en este caso, todo lo que procediese de allí sería rechazado; era el momento de encontrar nuevas raíces, nuevas conexiones que explicasen las nuevas naciones latinoamericanas.
Desde antiguo hubo una relación de admiración a lo clásico en América Latina como iremos viendo a continuación. Esta influencia se puede ver según dice Octavio Paz: “tan pronto como el español pisa tierras americanas, trasplanta la poesía y el arte del Renacimiento. Ellos constituyen nuestra más antigua y legítima tradición”.
Pero no se trata tan solo de una admiración hacia lo clásico vía Renacimiento, se trata de explicarse a través de unas pautas clásicas, y por clásicas me refiero a la antigüedad grecolatina. Los países latinoamericanos debían explicar su identidad que no era ni española ni europea, sino que debía dar cabida al elemento mestizo, criollo e indígena. Todo esto actuando también, años antes de la independencia definitiva de todos los países americanos, de una forma contestataria, oponiéndose a la metrópoli de la cual debían y anhelaban separarse, movimiento producido tras la Revolución Francesa y la independencia de los Estados Unidos, que son los ejemplos a seguir y que darán como fruto la secesión completa de los distintos países sudamericanos. Las élites burguesas, y las familias oligárquicas ven la posibilidad de riqueza y expansión si se rompen los vínculos con la Metrópoli, que los ha vampirizado durante demasiado tiempo; ya no sólo España, sino los países europeos que cada vez más extendieron su influencia por todo el continente, mientras el poder de Portugal y España decaía paulatinamente.
Estas clases pertenecientes a la oligarquía se adhieren a la causa del Romanticismo y su nacionalismo exacerbado, que dieron como fruto la creación de países europeos como Grecia o Italia; es decir, las clases dirigentes estaban cada vez más avisadas de lo que ocurría en Europa, y la posibilidad de adaptarlo a América, con las consecuencias que hoy día pueden verse, El reino de este mundo habla de la instauración de la primera monarquía negra en el continente americano, con consecuencias desatrosas. Sería motivo de otro ensayo el porqué del fracaso de ese intento de monarquía negra.
Se desarrolla entonces un discurso que procede del vacío que queda tras la marcha española, un discurso que rechaza lo español, que trata de crear una nueva forma de enunciar la realidad, como afirma Carpentier, la única forma de hacerlo era creando un discurso de estilo barroco, porque la realidad debe enunciarse y está plena en América, todo está por descubrir, o por enunciarse. El barroquismo sería un estilo que practican mucho autores americanos, como Carpentier, Lezama Lima; o incluso algunos autores norteamericanos, que no tienen un discurso barroco, pero que sí son conscientes del papel que se les tiene reservado como enunciadores de la realidad, véase el caso paradigmático de Walt Whitman.
Se instituye un ejemplo de héroe típico, casi emulando al gran Aquiles, que sería Simón Bolívar, gran héroe y fundador de diferentes estados modernos como Venezuela, que se denomina como República bolivariana de Venezuela, así como Bolivia.
Autores más actuales como Mario Vargas Llosa que habla del mito de Giges en su Elogio de la madrastra; Gabriel García Márquez, que siempre ha hablado de la influencia de los autores clásicos en sus obras, por ejemplo, la influencia de Sófocles en su Vivir para contarla; o el argentino Borges, gran viajero, que también apuntaba y defendía esa influencia clásica en sus obras, que puede verse en mucha de sus historias como la del Minotauro en El Aleph.
Pero también existe esa influencia en el momento de la separación, y es muy clara en el caso de José Martí, autor cubano, artífice de la independencia, que se declara admirador de Esquilo, Aristófanes, Hesíodo y Homero, cuya influencia puede verse en sus versos, de estilo marmóreo, de corte clasicista, y que estaba muy al tanto de las excavaciones de Henri Schlieman en Troya y en Micenas. Martí también preparó una antología de textos anacreónticos y afirmaba en uno de sus versos: “Sueño con claustros de mármol”. Como se ve, lo clásico alentaba las ansías independentistas de la Nueva América, tanto en gestas por parte de Simón Bolívar, como en el sentido más intelectual de Martí, que hizo posible la independencia cubana, la última del decadente Imperio español.
Lo griego ayudaba a la comprensión del presente, mediante una sensación de perseguir lo ideal de esta sociedad que se organizaba en democracia dos mil años antes de la independencia americana; tendían hacia esa idea de perfección formal y estética, pese a no reparar en los errores de la sociedad helénica, que después tendrían las sociedades americanas, aunque de muy distinta índole. Al mismo tiempo, la sociedad griega era una garantía de futuro; tras la caída del Antiguo Régimen y la aparición de una nueva democracia, parecía que el modelo duraba y era estable, por lo tanto era la mejor forma de intentar gobernarse.
El tema del clasicismo en América estaba presente desde el principio de la conquista, por influencia obvia, no tuvo más que traspasarse a América lo que estaba sucediendo en España. Se produce, sin embargo, una paradoja que apunta Paz en su libro El arco y la lira, mientras que España veía el Renacimiento como un movimiento extranjerizante, aunque provechoso en su implantación artística e intelectual, América lo acepta sin más como algo propio.
Ya había discusiones morales entre los religiosos que pasaron a América con la pía intención de evangelizar a los indios americanos: discusiones conocidas por la consideración de los indios como esclavos naturales o como simples bárbaros. Hasta que el padre Bartolomé de las Casas, vio algo más que mano de obra en ellos y defendió su postura favorable al indígena americano.
Se desarrollaron épicas durante los siglos XVI- XVII que ya defendían la figura de Cristóbal Colón, algo muy deseado por la Iglesia europea y por la naciente Iglesia americana, faltaban hombres, santos varones que fijasen los valores nacionalistas europeos y detener así la avalancha naciente de libre pensadores, que la Iglesia detestaba, intentando mantener su postura predominante filo- feudal. Destaca La Columbeida de Stella. Destaca también la épica más conocida de toda la América nueva, La Araucana, de Alonso de Ercilla, dedicada a Felipe II, que sigue modelos clásicos.
En el siglo XVII Vasco de Quiroga se dedicó a construir ciudades utópicas gobernadas por la razón en México, para preservar el primitivo estado arcádico de los indios.
El pintor Correa, nacido mestizo, de padre español y madre indígena se dedicó a pintar personajes bíblicos no como se hacía en Europa sino como diría Machín: “angelitos negros”, mestizos y criollos, es decir, en cierta manera estaba adaptando la idea de clasicismo a la nueva y muy diferente realidad americana, y así es cuando de verdad el clasicismo pasa a formar parte de la cosmogonía americana.
Otros autores trataban de hacer descender a los indios americanos de las tribus perdidas de Israel. Y un caso muy conocido es el Inca Garcilaso, que hablaba español, quechua y latín y tradujo los Diálogos de amor de León Hebreo. Compara a los incas con los romanos, intentando formar una imagen especular que deje a los indios a la altura del esplendor europeo: Cuzco como una antigua Roma.
Y también destaca una autora: Sor Juana Inés de la Cruz, figura estudiada detenidamente por Paz, en el que defiende la envergadura de esta poeta, y su gran influencia clásica.

  1. Alejo Carpentier y la influencia clásica

En otro orden de cosas, si llevamos este concepto de clasicismo, entendiéndolo como una oposición a la Metrópoli, a la obra de Carpentier, veremos como analiza de forma magistral en sus libros el choque entre la vieja Europa y América, trata estos temas desde un punto de vista histórico-literario. En el Prólogo a El reino de este mundo, Carpentier habla del vacío de poder que ocurre en Cuba tras la descolonización, y ese hueco se ve ocupado por los nuevos intelectuales de índole nacionalista , que adoptan un discurso radicalmente nuevo ya en el nuevo siglo, esto serían las vanguardias y los ismos europeos que comenzaron, apenas unos años después de la independencia cubana. Cuba, según Carpentier se convirtió en “espacio de experimentación artística formal,[...] sin que fuese ya necesaria la reproducción mimética de sus modelos culturales, como había sido el caso durante el siglo XIX en América Latina”. La relación de los países europeos hacia las nuevas vanguardias seguían el mismo recorrido que en América, intentaban zafarse de la alargada huella de la mímesis artística e intentaban encontrar veredas más simbólicas que dieron lugar a la nueva poesía europea nacida al amparo de autores como Baudelaire, Rimbaud, etc.
Tanto Europa como América trataban de dejar atrás la influencia del realismo imperante tras el triunfo de las revoluciones burguesas en el viejo continente y el nuevo, mediante las secesiones del XIX; se intentaba hacer, según Carpentier, un viaje de circunvalación, ir hacia Europa, hacia la influencia cosmopolita, pero sin pasar por España, intentando buscar la comparación de Europa con América, y descubriendo la otredad americana, la otra realidad que tendrá que ser enunciada. Y de aquí se escinde el concepto creado por Carpentier: “lo real maravilloso”.
El libro El arpa y la sombra se basa en un hecho real, en la posible canonización de Cristóbal Colón, como símbolo para la Iglesia americana, cuyos fieles iban menguado paulatinamente; hecho que hizo pensar a Carpentier en un libro que denunciase la figura de un personajes histórico, cuando menos, controvertido, como veremos a continuación.
La primera parte del libro: El arpa, nos habla de la figura de un joven obispo que quiere hacer algo a favor de la Iglesia, que se encuentra más amenazada que nunca, ante la aparición en América de las ideas liberales que recorren el mundo, y, como no, de su implantación en América: este es el tema de muchos libros de Carpentier, lo podemos ver en El siglo de las luces, y en El reino de este mundo. El primero nos habla de la instauración de la Revolución Francesa en América, y sus consecuencias, parece decirnos que, los modelos exportados no son aconsejables para una realidad que poco o nada tiene que ver con la realidad europea. En el segundo libro mencionado, las consecuencias desastrosas de la primera monarquía negra del continente americano, y su fracaso en la implantación de ese nuevo orden, que no tenía nada que envidiar del anterior; en definitiva, el poder es algo que corrompe a blancos y a negros, la tiranía es inherente a los humanos.
El joven obispo encuentra en Cristóbal Colón un referente de la cristiandad, ya que podía unir a los cristianos de una parte y de la otra del océano.
La segunda parte del libro: La sombra, nos revela las confesiones finales de este supuesto santo varón que estaba llamado a hacer grandes acciones, antes y después de muerto. Se nos presenta a un Colón siendo el contrapunto de lo que nos querían mostrar los que deseaban canonizarlo. Un ser indigno, guiado por la codicia, que se ofrece al mejor postor en busca de gloria, de reconocimiento, que no importa que tenga que trabajar para ingleses, franceses, o portugueses; a él le guía la codicia, la ambición, y eso es en verdad lo que le guía a descubrir ese Nuevo Mundo. Hay una doble crítica por parte de Carpentier, que está construyendo un discurso anti-clerical, y un segundo discurso que pone en solfa los valores imperialistas, no ya de España, lo que es obvio a lo largo de todo el libro, sino también crítica a todos los países que después se repartieron la tajada de la descolonización, huella, que todavía hoy es visible en gran parte de América Latina.
Según el libro Cristóbal Colón es un embustero, y va con su teatro de corte en corte, haciendo más bien de titiritero que de científico serio, que no sabe con seguridad de la existencia de un camino a oriente por el Atlántico. Él ha estado mucho tiempo en tierras del norte de Europa, y allí descubrió que los normáns ya habían llegado a una tierra desconocida de la que se contaban maravillas, por lo tanto ni siquiera fue él quien descubrió este hallazgo, sino que se lo encontró ya hecho, Colón como un gran oportunista.
El mismo Cristóbal Colón nos da una imagen tosca, poco pulida de la Monarquía española, seres crueles y batalladores, incestuosos e impetuosos, volubles y airados, como después mostrará en la narración de sus aventuras con la reina Isabel la Católica, con la que mantuvo un idilio continuado hasta después de la conquista americana. Ese es el viaje de circunvalación del que habla Carpentier en el prólogo al Reino de este mundo. Nos interesa la influencia europea, pero no la huella de España, y sobre los símbolos de la Iglesia, contaremos la verdad en libros como este. Figuras de la talla de Isabel la Católica, que hoy día está en vías de canonización, junto a su esposo Fernando. El arpa y la sombra es un trabajo de desacralización de los supuestos héroes, un trabajo que muestra la verdadera dimensión sobre personajes históricos que solo buscaban su gloria personal.
Durante el viaje a América, el propio Colón engaña a sus hombres al no decirle la verdadera distancia que habían recorrido, para así poder mentir en el tiempo que les quedaba para llegar a Tierra; héroes infantiles como Martín Alonso, Rodrigo de Triana, se nos presentan aquí como personajes canallas, movidos también por la codicia y la recompensa de un buen premio si cantaban tierra. Premio que se encargó muy bien Colón de cobrar en su lugar. Premio que fue dado a su hijo nacido fuera del matrimonio. Hombre poco santo como podemos ver, que no es merecedor de ser canonizado.
Incluso la Toma de Posesión fue una auténtica farsa, algo que se nos presentaba como un acto muy solemne, apenas fue presenciado por unos indígenas que no paraban de reír y unos pocos marineros exhaustos que no sabían ni donde estaban.
En un momento de la narración habla Carpentier por boca de Colón y afirma, habiendo llegado ya a tierra firme que: “ Había que describir esa tierra nueva. Pero, al tratar de hacerlo, me hallé ante la perplejidad de quien tiene que nombrar cosas totalmente distintas de todas las conocidas- cosas que deben tener nombres, pues nada que no tenga nombre puede ser imaginado, mas esos nombres me eran ignorados y no era yo un nuevo Adán, escogido por sus Criador, para poner nombres a las cosas”. Este texto recuerda a la advertencia que hacía Carpentier sobre la necesidad de enunciar la realidad americana como algo nuevo, describiendo la otredad americana, y la necesidad de un discurso barroco ante tanta exuberancia.
Después de la conquista, Colón sigue haciendo uso de sus dotes de seductor, o de embaucador, ya que, al no encontrar más que algunas minucias, engaña a los Reyes y les cuenta que es una Tierra de oportunidades, que está repleta de ORO, que allí se encuentra fácilmente y que serviría para financiar la idea de Imperio que ambos mandatarios querían llevar a cabo. Nuevamente puede verse la crítica hacia la Corona, y hacia Colón, como un héroe que ha perdido todo crédito.
Ante el poco oro que se va descubriendo, Colón intenta sacar rédito de su situación, y es nombrado Virrey de los territorios americanos, cargo que heredarán sus descendientes. Ante la dificultad de conquistar los territorios, portugueses y españoles, en un principio hicieron una invasión de cabotaje, es decir, no tuvieron la lucidez, o quizá los medios para hacer incursiones en un terreno con una orografía virgen y caprichosa. Casi todas las grandes ciudades están en la costa o se encuentran muy cerca de ella: Buenos Aires, Montevideo, Caracas, La Habana, Cartagena de Indias, Sao Paulo o Río de Janeiro. Las ciudades que se encuentran en el interior fueron fundadas, bien por locos aventureros, o bien nacieron bajo el auspicio de una explotación minera. El caso de México D.F. es diferente porque allí había ya un asentamiento humano.
En la tercera parte, La sombra, nos relata la votación en el Vaticano para ver si Cristóbal Colón será proclamado santo, o por el contrario será olvidado en la maraña de la Historia, como finalmente sucederá. A esa votación aparece el invisible, es decir, el fantasma invisible de Colón que deambula por la sala escuchando todo lo que se dice de él sin poder hacer nada, él, que tanto podría haber hecho, con ese don para embaucar a la gente que tenía. Pero en verdad, un gran desconocido, del que se sabe muy poco, con unos milagros que no se pueden demostrar, porque no curó a nadie, sino que hizo posible que la fe católica se extendiese por todo un continente. Apenas se sabía que murió en Valladolid, pero que más tarde fue trasladado a Santo Domingo, con diversos hijos, unos reconocidos y otros no. movido por una codicia sin igual y unas ansias de reconocimiento sin parangón.
Héroes, santos creados por los espíritus nacionales que tratan de defender una idea indefendible, también se habla de Juana de Arco, o de Roldán y su desgracia cuando huían de España. Carpentier hace un esfuerzo denodado para que se reconozca la verdadera dimensión humana de las personas que están detrás de los mitos, que a veces sirven para los fines propios y que no tienen nada de positivo para esa otra realidad a la que se suponen nos ayudan a visibilizar.
Es un texto fulminante con una idea muy clara, la de crear una sensibilidad diferente, americana para resolver los problemas americanos, porque aunque la colonización hubiese acabado, los poderes fácticos siguen en manos de unos pocos que son los que manejan el poder en América Latina. Parece decirnos que ellos son los responsables de crear una nueva tradición americana, sin olvidar el pasado, pero sin mixtificaciones de ninguna índole, mostrando la realidad y la verdad. En las páginas finales del libro se propone un modelo de héroe del que hablábamos al principio, Simón Bolívar, o como le recuerdan a Colón en la votación a la que asiste como fantasma: el que deshizo todo lo que él hizo.
En definitiva, como Carpentier afirma, se trata de afirmar la nueva tradición americana, tratando de zafarse de las cademnas que durante tanto tiempo los sometió:
vincula rerum laxet
Que las cadenas se deshagan para que se pueda crear una América realmente nueva.






Bibliografía:
- BOCHETTI, C.: La influencia clásica en América Latina, Bogotá, Universidad de Colombia, 2009.
  • CARPENTIER, A.: El arpa y la sombra. Madrid. Siglo XXI editores. 1979.
  • CARPENTIER, A.: El reino de este mundo, San Juan. EDUPR, 1994.
  • CARPENTIER, A.: El siglo de las luces. Madrid. Austral, 1996.
  • LAIRD, A.: “Soltar las cadenas de las cosas:La tradición clásica en América Latina”.Bogotá. Universidad de Colombia, 2009.
  • PAZ, O.: Las peras del olmo, Barcelona, Seix Barral, 1990.

Joaquín Fabrellas Jiménez

Comentarios

  1. Gracias Joaquin... un placer leerte... quizás te interese este libro... bss

    http://www.fundacioncarpentier.cult.cu/carpentier/mediterr%C3%A1neo-caribe-una-magn%C3%ADfica-mirada-sobre-alejo-carpentier

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