Viñals, la pulcritud del lenguaje . Retomo ahora la lectura de un poemario de José Viñals publicado en 7 i mig, en el año 1998, prologado por el poeta Guillermo Fernández Rojano: Animales, amores, parajes y blasfemias. Su lectura me devuelve la imagen de un Viñals borroso por el humo, inmóvil al final del largo pasillo, sosteniendo una copa de balón, apurando un Torres en la habitación repleta de libros y Bach sonando, la gran mesa de madera, el último libro leído y unas cuartillas sobre las que improvisaba algo. En una parte de ese salón destacaba el cuerpo abstracto y gris del telar de Martha, sus tapices ocupaban gran parte de las paredes: una mezcla de imágenes surrealistas que confeccionaba con una técnica ancestral. Recuerdo a la hija Andrea que sonreía desde su cuarto. Oigo ahora el habla pulcra de Viñals, su marcado deje argentino, la única persona que he conocido que distinguiese aún entre la ll y la y griega, su fiel homenaje al lengu...
La realidad era solo el espejo