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POSTELECTORAL
Joaquín Fabrellas
publicado en Viva Jaén 24/03/2015

Ya parece que todo se ha solucionado, parece que la recesión económica, bendito eufemismo del discurso económico, ha pasado, es como si nuestros jóvenes ya no tuviesen que irse a esos países donde  se estudia la última asignatura de cualquier carrera y aten a los perros con longanizas, sin saber que el modelo alemán no es el que interesa a nuestra economía, sino uno más consecuente y que desarrolle un modelo sostenible entre el turismo y el disfrute del paisaje.
Tras las elecciones ya todas las calles están limpias, todo lo que se empezó, terminado. Ya no hay paro en Jaén y las obras infinitas se han acabado. No tenía nadie la culpa. Yo vi a los candidatos sin toga blanca pasear por las calles del centro, solo del centro, repartiendo octavillas a marujas posmodernas que no te van a decir que no nunca, e incluso acceden a darte dos besos en la jeta, porque, ¿eso es lo que hacen los candidatos, no? ¿Pasear por las calles a diario para tomar el pulso a la población, no? O siguen las directrices de sus partidos con partido, solo el suyo, el de una economía atroz que no entiende de necesidades ni de personas individuales.
He visto a los candidatos, (no me importan las siglas ni lo que esconden), son las mismas siempre, pasear por lo más hermoso de Andalucía, lo más granado de las ciudades, olvidando muchas veces a los olvidados, como ya recordó Buñuel en esa gran película del mismo nombre. Visitadores de centros, ese que pueden enseñar en las fotos y en los telediarios compinches, pero nunca la periferia, en la periferia hablan mal, te miran con mala cara, no te dan dos besos en la mejilla ni te saben poner una sonrisa de circunstancia, a los de la periferia les duele el centro y a los políticos se les atraganta la miseria y las curvas rotas, el asfalto pobre, las calles deformadas y la basura sucinta.
La política como la publicidad es siempre engañosa, de hecho un publicista te hace un anuncio de un banco o diseña la campaña de un partido, lo mismo te vende un coche que te hace que votes a un partido determinado y piensas que el otro es infame.

Ya lo han decretado ellos (publicistas y políticos): la periferia en Jaén ya no existe.

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