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INSOMNIO, por Edmund Gun Blair, Bogotá 1975.

Solo existe el presente, que es eternidad, el futuro es solo una proyección de nuestro tiempo imperfecto y el pasado es eso que llamamos recuerdo.
 Nosostros somos siempre el mismo instante permanente y absoluto, somos siempre los mismos, nuestra vida se desarrolla en un instante: los mismos cuando nacemos y morimos, un mismo instante.
El tiempo humano es erróneo, una forma imperfecta de acercarnos a la eternidad, el tiempo es la suma completa de todos los instantes vividos, de ahí surge la eternidad, de una concepción errónea entre el tiempo real y nuestro tiempo humano: no pueden ser el mismo tiempo.
 El tiempo no tiene dirección, no viene del futuro y se escurre hacia el pasado, no viene del pasado y se proyecta hacia el futuro, es solo instante, dominio efímero del instante que es el mismo vivido una y muchas veces, el mismo, por eso la vida humana es decadencia, corrupción de los sentidos.
 El ser supremo nos envuelve en un cuerpo pútrido para atravesar un fragmento despreciable de tiempo en un proceloso y metafórico océano que no abarcaremos jamás.
Habitantes ignorantes de un cuerpo supremo que se inserta en otro cuerpo supremo y así hasta el infinito, pero el infinito es igualmente erróneo, es un concepto humano, y el lenguaje humano no refleja todo lo que existe, todo lenguaje es una aproximación, no el concepto en sí mismo, es solo su acercamiento, el lenguaje es acercamiento a la realidad, a la verdad; la verdad es lo que no conocemos, pero se aprecia, solo se vislumbra, no hay palabras para definirla, la poesía es un método imperfecto para enunciarla, un método fallido ya que se basa en el lenguaje.
En este mundo todo es lenguaje, todo existe mediante el lenguaje, incluso el sueño o el silencio.

 

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