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XII, de Manuel Lombardo Duro, en Bajo soles de hilo, Jaén, 1982.    Amo su hierática silueta egipcia, el resplandor de sus mandíbulas plateadas, sus besos metálicos, distantes, el ojo ciclópeo de su fina garganta por donde se divisa un universo pestilente y comprimido.    Quizá un día pierda la compostura y os relate sin pudor, cómo por el asedio de lo útil llegué a enamorarme sin remedio de una encantadora llave inglesa.   Ah, si os contase los calentones de tripas que me daba.
"BOLERO", de Tierra de paso, de Juan Manuel Molina Damiani. PORQUE   todo se acaba y no puedo evitarlo, déjame que te escriba sin querer estas letras, esta canción que igual nos devuelve algún día recuerdos de los dos, de nuestra vida juntos, propiedad del olvido todavía. La luz, por ejemplo, que aquella noche oscura tentaba la pasión de tus ojos: es la misma que ahora a los míos se prende desnudando tu piel.   Porque todo se acaba y a ti no te preocupa que esta historia termine contándola yo, déjame que le ponga un final que jamás rememore tus mentiras, mis farras, lo peor de nosotros: nuestra adicción a herirnos; un final sin conciencia, distinto al verdadero, que guste, literario, a salvo del deseo que aún pueda quedarte, adonde no aparezcas enfadada, mi amor.  Apúratelo ya: es esta copa llena, completamente tuya, de escritura vacía.
Cabo de Gata
CABO DE ÁGATA. Este tranquilo mar en alta cumbre sumergida por siglos: lava altiva compuesta de basaltos; receptiva la onda espumosa que enfría y da lumbre. Aquí la tierra es masa donde alumbre tanto caos un Dios, llama cautiva, bello magma transforme en positiva fuente de amor y lenta reciedumbre. Acá el hombre es apenas eco vivo, sea lugar donde la mar ya espanta cualquier final o algún estío esquivo. Este es el lugar para dura planta, esta noche para un sol fugitivo donde llora la mar: ya el cielo canta.  J. FABRELLAS 15/1/13
Las oportunidades La miró desde lejos subir a su tranvía, inclinando la cabeza contra el viento, como una oscura señal de interrogación sobre la nieve. Graham Greene. El tercer hombre Buenos Aires no está ahí y surge del agua como un aparato acuático. Desde Colonia del Sacramento el viaje en barco es alegre en la partida y más adelante se eterniza y se convierte en prosaico. El agua de los viajes no entiende de entretenimientos, se hace papiroflexia, es un trozo de globo terráqueo de la infancia, casi el final del mundo. Buenos Aires es un engaño a la vista porque desaparece y el barco vira a tierra y te adentras en los meandros lujosos de los suburbios con casas de madera, construidas en alto por las crecidas del río. Desde Montevideo es un viaje largo, acuático y monótono. Salí de allí con la esperanza clara y una cita, después de tantos años, quizá no fuera buena idea, pero a ninguno de los dos le importaba. No había estado nunca en Buenos Aires y sin embargo la c...
Lección de poesía. A Agustín Delgado.   In memoriam. Siempre quise saber los pasos que te llevaron allí. Siempre quise conocer las palabras. El momento Desconocido. Recuerdo la última conversación, Sentados en aquel sofá obsoleto, El camarero servicial y el café. La conversación sobre tu vida, Tu padre en aquella escuela de un pueblo perdido de León. Tu juventud entre dogmas, Tu obra sobre Cernuda, y los amigos: Diego, Ullán, Ángel… Y el silencio, tu silencio, o el silencio Al que abocaron tus palabras desde otras palabras. Me hablaste sobre el cine: Antonioni, sobre el zarpazo invisible Y efectivo de una dictadura que duraba demasiado. La poesía como enfrentamiento, Esa porción del discurso que nacía insólita Y débil. Pero no se ha vuelto a hacer nada igual. Lo que vino después fue la constatación de este Sistema tan bien trenzado y podrido Que hizo de la poesía tan solo un discurso vacío, Comercial o literario. Te acordabas de...

bolero

IV Era el amor contra el  amor, la luz contra la luz. Y no había un camino de vuelta, ni palabras que recorrer hacia atrás. El abismo y la caída, como un gigante con pies de barro. Era el agua o la nada. El mar y su ausencia. Porque el corazón es un órgano de fuego. V No hubo un itinerario para pasos perdidos, apenas náufragos absurdos contando olas imaginarias, ya sabes, el tiempo que faltaba para herirnos sin piedad o amarnos como ciegos salvajes, días para un cielo inerme. BOLERO Este final ya lo conoces. Tenía las sílabas contadas. No hubo fotos para el recuerdo. Ni siquiera pudimos salir en la escena del cortometraje donde plasmamos nuestras dudas; nunca recogimos el aire más cercano, esa luz ahora imposible del mar de junio. Tan solo quedará la caricia en la palabra, el acercamiento clandestino. Ahora echaré de menos esos silencios, el color cambiante de tu rostro en atardeceres monótonos. Este final era el previsto. No hubo súplicas: se retiró la camara. El fin...