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Mostrando las entradas etiquetadas como Pliegos del Condestable

Leda y el cisne. Pliegos del Condestable.

Pliegos del Condestable . El  zoólogo Miranda de San Pedro escribe unas liras en admiración tanto de la poesía renacentista como del ave cisne que en mucho admiraba. (1578? ) La fecha está borrada por una mancha de humedad. Por el lenguaje utilizado y la influencia de san Juan en las liras de San Pedro, parece ser que pertenecen a esta fecha, al residir el carmelita en Jaén, pudiendo haber entrado en conocimiento con nuestro zoólogo-poeta que estudiaba la fauna de unos humedales cercanos. El cisne tuerce el cuello buscando, de la mujer, el ardiente sexo, muestra su bello cuerpo, que aún caliente, espera del aire, mentira hiriente. Casi en piedra, de furia, ella se acuesta así en breve lecho de la pasión, espuria, para el cuerpo maltrecho, y de un cisne gozar a su despecho. Del placer, su lamento, engendrados de un golpe desmedido, el dolor del tormento, de la angustia ha ya huido y el amor era largo cometido. Cansar ninfas sab...

Pliegos del Condestable

Pliegos del Condestable. (1603). Poema que escribe Antón Ferrer dedicado a su casa en la campiña de Jaén, cerca de los pagos de Pozuela. Tiene la fuente un caz, anega fresca alberca. Más allá un venero hiende la piedra do mana limpia el agua. Una higuera salvaje: olor y sombra, come sus frutos rojos la luz, recorre alegre y gana todo espacio: vence al aire. El pájaro que aquí anida llena antes de ser de canto la alegría: la sombra, la casa, el descanso, són de una música celestial, de extraña canción se acompaña. Río que vuelve así a su origen: a la tumba de agua, a su luz incierta. Allí reposo mis tristes ojos cansados que fueran un punto más rápidos qu´el aire, ahora son despojos que contemplan en la vida sus ruinas, miseria de su estado, el reflejo de un siglo que escoja sus cenizas entre tanta grandeza devastadas de espanto. Luengo el dolor, corta delicia: la vida breve, durará su olvido.
Pliegos del Condestable. Sexteto que escribe Simón de Estepa, joven converso enamorado que dedica estos ardorosos versos para declararle su estado a su desdeñosa amada. (1623) Amor, el cyelo no sabía norma; tu cuerpo transformando su donayre en las leyes que hicieron te de viento, pues falta, amor, a tu país, la forma, porque no conoció su peso el aire y no pueda explicar sutil tormento.

Pliegos del Condestable

Poema sin medida determinada que dirige un anónimo vendedor de perfumes que juega con la lírica y la sintaxis ante el paso de una dama hermosa que no lo mira a su paso. 1599. No çede el cielo a tus sospiros, no cele el ayre cuando çedas, en tu dulce intento: si ceden los aires sin lamento, brusca uida que tersa el ayre por herida, que combe el viento por lamento de haber herido a su cielo herido que ha vivido sin tiempo y siento la dicha de lo dicho sin memoria, sin materia ni luz, la luz, sin luz se oluidó.
Pliegos del Condestable. Soneto de Lope de Valdeón que dirige a su hermosa enamorada, al haberla olvidado por inexorable paso del tiempo. (1649) Amor, ayer, tu cuerpo fuera templo, ira dormida, ingrávida natura, gracia del aire alegre, en tu pura y encarnada beldad no fría, templo la cuerda del dolor, belleza en ruinas, largo lamento, cárcel es la herida de tu mirar funesto, dabas vida a mecánica flor, dulces espinas de rosas, sin su olor, alma marchita; recoge tú, calor de lumbre, frío lecho de unión, y el tiempo te permita olvidar este ahora, destrozado por tu belleza ayer haber escrito, recordando hoy pasiones, sosegado.

Pliegos del Condestable

Soneto que dirige la hermosa Carmen de Montilla a su anónimo enamorado, en cuitas de amor quejándose del despecho sufrido. Año 1616. Pues es mi cuerpo ahora carne inerte, solo sombra, la piel acariciada de tu mano que prende por la nada su rastro; la mirada busca verte de nuevo, donde el lecho no confunde la noche herida, fue lejano el vuelo del ave que guardar solía, cielo que aúna su recuerdo mientras se hunde en la noche mi cuerpo con su herida, rescata el dulce llanto, su alta dicha no predice el destino, usurpa vida cruel, lágrima cogiste a mi lamento, vano fue mi dolor, el daño duro, pues todo acaba en un sutil tormento.

Ruinas del ayer. Pliegos del Condestable.

           Ruinas del ayer Amigo, con afán, escucha ahora pues la fama es reflejo de la ruina: palabra regalada no termina de llenar su vacío a cualquier hora. Es  el tedio acosando tu figura, viene la negra mancha que te asombra en un tiempo retorna y nunca nombra lo que tú escondiste sin usura. Pues los discursos que aman en su prisa la máscara, llenaron de su olvido con un dolor ajeno de su risa, nos recuerdan la miseria del mundo: nadie habla de la cicatriz de nadie, nada dicen de su dolor profundo. Soneto en respuesta que escribiera Juan del Cálamo a su amigo Pedro de Contreras con motivo de la fama pasajera, el espejo de las vanidades y las nadas del mundo. Encontrado en los pliegos del Condestable del siglo XVI

Pliegos del Condestable. (1550-1650)

Pliegos del Condestable Soneto asonante  que escribe Baltasar de Saavedra , natural de Baeza, y entierra en el suelo para que nadie lo encuentre, donde confiesa que ha descubierto unas ruinas musulmanas en el Palacio de Villadompardo donde se hospeda como experto zahorí, empero, por mal de amores, no dice al dueño lo que ha visto, por no ser tomado por loco o con mal tino. 1635. Encontrado en fecha reciente en Pliegos del Condestable. Todo el orden inventará su caos cuando el caos engendre su comienzo, aquella plaza, laberinto claro, aquel palacio de azahar cubierto. Y a su piedra la luz así devuelva dulce sombra que a descansar me llama, la rama esconde media luna y llena, su noche abierta de agua pura y palma. Allí reposan los arcos en bóveda, celeste, sombra incólume de estrella, y copia adentro la noche de afuera, recoge afuera todo su silencio, la voz callada para labio inmóvil: será su fallo germen de su cielo.  ...
Sonetillo El sombrero  como el mar, el mar es quizá sombrero, pero de esto ya no espero hacerme veste, o ya zar de reino, perdido césar, inconcluso pasajero es de nuevo el prisionero del aire o poder amar en tu rostro, pues amada, hábil simiente, la luna en amores de la albada, final abrupto de cuna y deseo de la nada sutil, la doliente duna. J. Fabrellas
Triunfos que perdimos Ahora es fama lo que un día ruina Y será ruina lo que ayer fue fama, La fama es solo ruido que se inflama Por ver pasar un tiempo que se arruina Es tu riqueza tu miseria clara, Pues el brillo es la nada de su llama, Para el éxito del necio solo aclama Llenando el hueco oído con voz cara. Rauda ruina de su edificio altivo Es hoy el ayer, vacío, su memoria, Rumor de escombros del dolor nativo. Recoge tú las flores de un tiempo ido Porque el instante es siempre su pasado Y sabrás las victorias que has perdido. J. Fabrellas

Sextina. Joaquín Fabrellas

Sextina que dirige el clérigo Antonio de Aldana, a una desconocida mujer, acaso eterno femenino, quizá Virgen, quizá hembra que no conoce, pero intuye. Hermosa herida 1.- El tiempo se demora  raudo en sombra   y cumple su palabra de miseria, si hay verdad en labios que te nombran, el tiempo es falso amigo en la memoria, feliz de tu materia arrepentida: luz: recorre el camino a la fortuna. 2.- D eja el aire, tu viento a la fortuna . Sí: eras feliz, piel, la luz, la sombra entrando en dulce rapto, la memoria expande el nombre de la arrepentida noche, volando el día que te nombran, rauda escapa ahorrando tu miseri a. 3.- D e los labios, la piel es la miseria; s i a ti te duelen en dulce fortuna, estás parada en el secreto, sombra de los días azules, la memoria de lo vivo tan bello, arrepentida enamorada, sola si te nombran. 4.- Y c onvertida en voz si a ti te nombran. ¿Eras feliz materia arrepentida? ...