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Lección de poesía.


A Agustín Delgado.

 In memoriam.

Siempre quise saber los pasos que te llevaron allí.
Siempre quise conocer las palabras. El momento
Desconocido.
Recuerdo la última conversación,
Sentados en aquel sofá obsoleto,
El camarero servicial y el café.
La conversación sobre tu vida,
Tu padre en aquella escuela de un pueblo perdido de León.
Tu juventud entre dogmas,
Tu obra sobre Cernuda, y los amigos: Diego, Ullán, Ángel…
Y el silencio, tu silencio, o el silencio
Al que abocaron tus palabras desde otras palabras.
Me hablaste sobre el cine: Antonioni, sobre el zarpazo invisible
Y efectivo de una dictadura que duraba demasiado.
La poesía como enfrentamiento,
Esa porción del discurso que nacía insólita
Y débil.
Pero no se ha vuelto a hacer nada igual.
Lo que vino después fue la constatación de este
Sistema tan bien trenzado y podrido
Que hizo de la poesía tan solo un discurso vacío,
Comercial o literario.
Te acordabas de Núñez, de Valente, trazadores del discurso,
A la ética por la estética, etc.
Hablaste de tu vida en Europa, de la educación de los exiliados
Y los que emigraban, los que creían y no creían en esa España importada
Con sus problemas importados. La vida en Francia,
Los conflictos hispano-españoles; los viajes interminables.
Tu voz grave desde la inmensidad de aquel salón
Y los ojos que mostraban una pizca ínfima de alegría.
Y es que, a veces, la inteligencia se reviste de palabras
En estos tiempo donde falta la pasión
Porque se vende a precio de saldo en cada esquina.
Nos faltará tu voz, esa raya de tiza que no borrará nunca
Ninguna lluvia pertinaz.

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