Ir al contenido principal

bolero

IV

Era el amor contra el  amor, la luz contra la luz. Y no había un camino de vuelta, ni palabras que recorrer
hacia atrás.
El abismo y la caída, como un gigante con pies de barro. Era el agua o la nada. El mar y su ausencia.
Porque el corazón es un órgano de fuego.

V

No hubo un itinerario para pasos perdidos, apenas náufragos absurdos contando olas imaginarias, ya sabes, el tiempo que faltaba para herirnos sin piedad o amarnos como ciegos salvajes, días para un cielo inerme.

BOLERO

Este final ya lo conoces. Tenía las sílabas contadas. No hubo fotos para el recuerdo. Ni siquiera pudimos salir en la escena del cortometraje donde plasmamos nuestras dudas; nunca recogimos el aire más cercano, esa luz ahora imposible del mar de junio. Tan solo quedará la caricia en la palabra, el acercamiento clandestino. Ahora echaré de menos esos silencios, el color cambiante de tu rostro en atardeceres monótonos.
Este final era el previsto. No hubo súplicas: se retiró la camara. El final cantado, nosotros, amada, en cuadros de Hopper, absurdos y desdibujados.
Ya lo ves, los finales no son tan malos, como mucho, incomprensibles.
Todo se disuelve,se suma la ausencia a la nada, se hace monotonía, texto, palabras consabidas: un dolor extraño.
Nada más muerto que un amor muerto. Inventar nuevos lugares y geografías abstractas. Nuevos pronombres donde trasladar los deseos más insólitos. La pasión prestada de animales profundos y pueriles.
Pero no hablemos de finales. Todo fue así siempre, un anuncio hermoso sin palabras, una canción italiana. Un poema jamás escrito y que torpemente ahora yo cuento sin tú saberlo.
No te engañes , amor, esto nunca ha terminado, carecía de principio, de finalidad. Ya ves, el amor como teoría científica del texto. Con una sintaxis prestada y música de bolero. Un baile sin alegría y las manos separándose, entrando dulcemente en el recuerdo.
Y las palabras que nunca recogerán toda la atrocidad del olvido.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La pintura de José Fernández Ríos. Joaquín Fabrellas

Tres son los pilares sobre los que se construye la obra del pintor José Fernández Ríos: un elemento neobarroco, un componente hiperrealista y el paisaje como símbolo de resistencia. La obra de Fernández Ríos es extensa, comenzó hace más de treinta años y siempre ha tenido como telón de fondo, al igual que otras manifestaciones artísticas, la ironía, el distanciamiento, provocado por la desastrosa realidad enajenadora de la sociedad actual. Ante tanta insensibilidad aparece la risa forzada que pretende cuestionar todos los valores de esta sociedad construida en unos principios demasiado efímeros, pero que todos parecen aceptar tácitamente sin oponer una resistenciaclara. Como una masa bien adoctrinada a la que le ha sido marcado el camino que hay que seguir. Phantasmata era la expresión utilizada por Platón para definir a todos aquellos que, liberados de las cadenas, salían a la luz, a la verdad y eran cegados por la luz auténtica. Actualmente, la población civil anda por los mismos ...
Reflexiones sobre un cuadro de Edward Hopper. Habitación en Nueva York. 1932. Sheldon Museum of Art. Nebraska El cuadro surge de la luz eléctrica. Pocos cuadros como este, donde toda la escena está anclada a la luz artificial. De hecho, la luz es la protagonista, si la luz se apagase, no habría cuadro, no existiría. Hopper procede como Caravaggio, señala solo las partes que quiere destacar. Hopper nos ofrece un  plano medio casi hiriente en su sorprendente atonía, la insulsez humana. Dicen que Caravaggio hacía posar a los figurantes durante jornadas interminables, escondidos estos en las partes más recónditas de la casa y tapaba toda la luz de las ventanas, solo descorriendo la luz cenital que más le interesaba, esa que creaba el chiaroscuro y se desparramaba sobre los músculos, los miembros, los cuerpos en incómodas posiciones. Hopper depura su manera de proceder, acorta el foco de interés: va desmigando toda la...

Leda y el cisne. Pliegos del Condestable.

Pliegos del Condestable . El  zoólogo Miranda de San Pedro escribe unas liras en admiración tanto de la poesía renacentista como del ave cisne que en mucho admiraba. (1578? ) La fecha está borrada por una mancha de humedad. Por el lenguaje utilizado y la influencia de san Juan en las liras de San Pedro, parece ser que pertenecen a esta fecha, al residir el carmelita en Jaén, pudiendo haber entrado en conocimiento con nuestro zoólogo-poeta que estudiaba la fauna de unos humedales cercanos. El cisne tuerce el cuello buscando, de la mujer, el ardiente sexo, muestra su bello cuerpo, que aún caliente, espera del aire, mentira hiriente. Casi en piedra, de furia, ella se acuesta así en breve lecho de la pasión, espuria, para el cuerpo maltrecho, y de un cisne gozar a su despecho. Del placer, su lamento, engendrados de un golpe desmedido, el dolor del tormento, de la angustia ha ya huido y el amor era largo cometido. Cansar ninfas sab...