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Poema. Edmund Gun Blair

I

Amor, de ese verano nos queda el tiempo insólito, la sorpresa, la alegría del agua, el beso íntimo de lugar desconocido.
Déjame amor que te hable de la pérdida, del desasosiego cotidiano cuando el cuerpo y el rostro de la ausencia se confundan en su materia descarnada de arena y polvo.
Déjame iniciar una nueva tradición amorosa en la que ausencia y presencia se excluyan de esta canción. Donde la luz presente el momento como en una caja con música y los amantes no sean más que un misterio sin solución o despedida.
Un matrimonio extraño entre fantasmas.
Aquí solo vive la música.
¿Recuerdas ese verano altísimo de grillos y olas, de agua que abandona la orilla?
Del placer, amada, de saberse solos en este mundo cuando se iniciaba esa música extrañísima de preludio. La armonía en tu cuerpo casi desnudo bajo el cielo despejado y fotografico.
¡ Qué momento más triste y delicioso, qué altura de paraísos cercenados!
Palabras chocando como huesos confusos, porque vendrá la muerte y tendrá tu rostro.

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