Paisaje rebelde Mirad cómo llega el prado hasta el agua clara, cómo grazna el fiel cuervo en su indiferencia: la niebla lame la roca que lame la lluvia. El pueblo a lo lejos calla la música de este silencio culpable; los barcos estallan su ruido insondable de animales melancólicos. Los anuncios acuosos que celebran este lenguaje ambiguo como si hubiésemos ganado algo, como si fuésemos muy felices en esta infelicidad patrocinada por un sistema organizado por economistas anónimos. Las mujeres hermosas con el orgullo de la falacia de su belleza regalando el brillo de sus ojos a los ciegos que las miran desde un quirófano. La luz de acero que ensucia esta escena hace tiempo resquebrajada porque nadie sabe interpretar la la belleza secreta de las cosas. El cisne, el bello cisne emancipado de algún rapto escarba entre la mierda trozos de plástico de algún amor fugitivo e ilícito, contempla descreído este paisaje, esta belleza absurda de todos los hombres que pasan ...
La realidad era solo el espejo